ANDREA BRAVO.- En la primera entrada de este blog, que comencé el 18 de febrero de este año, me hacía una pregunta: ¿Estamos en una era dorada o en una era oscura? La pregunta, que aparece en la portada de ‘Hiperconectados’ viene del libro ‘Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?, de Nicholas Carr. El libro de Carr me hizo pensar en todo lo que acontece a nuestro alrededor y de cómo Internet y el desarrollo tecnológico está afectando a nuestras vidas. También me di cuenta de que todo el mundo tenía algo que decir al respecto. Por eso, decidí dedicar un espacio de mi blog a las reflexiones de los demás. Es así como algunos compañeros de universidad y profesionales han contribuido a la construcción de ‘Hiperconectados’. Os dejo por aquí, a modo de lista, un recopilatorio de las columnas de opinión que he ido publicando hasta el momento:
Cada miércoles he ido subiendo conferencias, entrevistas y reseñas de libros relacionadas con el tema del blog. La primera de ellas fue la conferencia sobre fake news que se impartió dentro del ciclo ‘Repensar los Medios de Comunicación: Pasado, Presente y Futuro’, en la Biblioteca de Navarra. La segunda de las conferencias cubiertas, esta vez a modo de noticia minuto a minuto, versó sobre el futuro del periodismo y el reto que Internet ha supuesto para los medios, que aún siguen en la búsqueda de un modelo de negocio sostenible.
También se ha dado unas pinceladas de cinco libros en el blog. El primero de ellos ha sido ‘Memecracia. Los virales que nos gobiernan’, de la periodista Delia Rodríguez. En la segunda entrada dentro de la categoría de ‘Libros’, he hablado de Jaron Lanier y sus diez razones para dejar las redes sociales, pero también de la adicción tecnológica, explicado a través del libro ‘Irresistible: ¿Quién nos ha convertido en yonquis tecnológicos?’, de Tristan Harris. En esta misma entrada, incluí un fragmento de ‘En el enjambre’, de Byung-Chul Han: “Somos programados de nuevo a través de este medio reciente, sin que captemos por entero el cambio radical de paradigma […] Nos embriagamos hoy con el medio digital, sin que podamos valorar por completo las consecuencias de esta embriaguez”.
El quinto libro del que he hablado ha sido ‘Mi vida por un like’, del periodista David Ruipérez. En la entrevista concedida para ‘Hiperconectados’, Ruipérez realiza una crítica hacia los niños youtubers y el negocio que hay detrás de este fenómeno.
En la segunda entrevista publicada en el blog, el doctor en Sociología Javier Erro hacía una radiografía de las fake news y la era de la posverdad. Según Erro, “el mundo que hemos creado basado en el consumo y en la mercantilización de las cosas nos ha llevado al mundo de lo falso”. También hizo referencia a la mercantilización de nuestros datos: “Las empresas detrás de las redes sociales pueden llegar a conocernos mejor que a nosotros mismos”. Sobre este mismo tema hablaba la profesora de Derecho de la Comunicación Ana Azurmendi en la tercera entrevista del blog, en la que charlamos acerca de las últimas leyes aprobadas en relación a Internet y a las redes sociales: la nueva directiva europea del copyright y la Ley de Protección de Datos.
Aunque aún faltan muchos temas por tratar, he intentado que ‘Hiperconectados’ sea, durante este tiempo, un espacio para pensar, reflexionar y opinar. Y lo seguirá siendo, aunque a partir de ahora ya no pueda publicar tan asiduamente. Los lunes seguirán abiertos a las columnas de opinión externas. Si quieres colaborar, no dudes en contactarme a través de mis redes sociales, en las que me encontrarás como @lapislazuliwi o en escribirme a andreabravoaraujo@gmail.com.
El pasado 26 de marzo, el Parlamento Europeo aprobó la nueva directiva del Copyright. La propuesta ha salido adelante después de toda la polémica surgida alrededor de los artículos 11 y 13 que figuraban el borrador inicial. Ana Azurmendi, directora del Center for Internet Studies and Digital Life y profesora de Derecho de la Comunicación en la Universidad de Navarra, explica las claves para entender qué está pasando con esta directiva y también con la Ley de Protección de Datos, aprobada en España en noviembre de 2018
ANDREA BRAVO.- 274 votos en contra y 348 votos a favor. Así se aprobó la nueva directiva europea del copyright, una propuesta que tiene por objetivo adaptar la normativa existente sobre los derechos de autor al entorno digital. Los artículos 11 y 13 (ahora 15 y 17), han sido los que más polémica han levantado en Internet.
¿En qué consisten estos dos artículos?
La nueva directiva y, en
concreto, el artículo 17, afecta a las plataformas de contenidos compartidos,
principalmente a Google, Facebook y Youtube. Con esta normativa, se les exige e
impone por ley un deber de control y una responsabilidad: la plataforma digital
es ahora la encargada de que los contenidos que se suban por parte de cualquier
usuario cumplan los derechos de autor.
¿Por qué ha causado tanto revuelo este artículo?
Youtube, por ejemplo, ya tenía un software que discriminaba contenido ilícito del lícito. Todos los contenidos que se suben a la plataforma, ellos lo revisan para saber si es original o no. En caso de que se les “colara” algo ilícito, nunca eran responsables directos de ese contenido, puesto que con tener un plan de prevención y un software como el suyo bastante. Ahora, sin embargo, tienen que hacerlo por ley. Es decir, en el caso de que fallen u omitan por un fallo del software, ellos serán responsables desde el punto de vista de la propiedad intelectual. Ahora un autor o una agrupación de autores podrán denunciar a las plataformas directamente porque la ley les pone en primer lugar.
¿Y el artículo 15?
En este artículo, la Unión Europea
dice que adopta el modelo que ya tenían Alemania y España acerca de los servicios de agregación de contenidos. En
este caso, se reconoce un nuevo derecho a los editores de prensa, que les
permitirá controlar el uso en línea de sus publicaciones por parte de otros
portales que ofrezcan información, como Google News. Fue en 2014 cuando las
cabeceras españolas dejaron de aparecer en Google News, tras negarse este último
a pagar lo que le pedían los medios por quitarles visibilidad directa a sus
portadas. En ese momento, Google News dejó de ofrecer resultados de las
cabeceras principales en España, pero ahora la Directiva Europea le obliga a
pagar. Habrá que ver cuál será su respuesta.
Hay personas en las redes que se han preocupado por los memes. Piensan que pueden desaparecer
Los memes no van a desaparecer. La sátira y las parodias son una excepción de la propiedad intelectual, siempre que no produzcan confusión con la obra original, condición con la que los memes cumplen. Son parodias, pero adaptadas a las redes sociales.
«Cualquiera puede verse afectado por esta normativa. Al final, todos trabajamos con datos personales o manejamos nuestros propios datos»
Sobre la Ley de Protección de Datos. ¿Por qué ha sido tan importante?
Porque, en cualquier nivel,
cualquiera puede verse afectado por esta normativa. Al final, todos trabajamos
con datos personales o manejamos nuestros propios datos. Con esta ley surgen
nuevos derechos y principios, como la ley de portabilidad, de limitación, el principio
de minimización, de transparencia… pero también nuevas figuras, como el
delegado de protección de datos.
¿En qué consiste exactamente esta ley?
El reglamento europeo se aprobó
en mayo de 2016, pero entró a aplicarse al cien por cien en mayo de 2018, y ahí
es cuando ha comenzado “el terror”. La razón: supone un cambio en el modelo de
regulación. Antes, si se pillaba a una empresa utilizando datos sensibles y
vendiéndolos a una campaña, ya sea de publicidad o electoral, se les multaba como
castigo. El problema era en que, al haber tantas empresas al poder de tantos
datos, era imposible vigilarlas a todas ni tener millones de inspectores de
datos para verificar si se cumplía la ley. Por eso, se ha pasado a otro modelo
donde se obliga a todas las empresas a
tener un plan de prevención de riesgos de protección de datos. Eso
significa tres cosas: 1) como empresa, debes analizar cuáles son los riesgos
que tienes respecto a la protección de datos, 2) necesitas conocer la legislación
en torno a esta materia, 3) quizá debas nombrar a una persona dentro de tu
empresa que se encargue de este tema y 4) debes establecer una formación para
tus empleados acerca de la protección de datos, al igual que preparar informes
por si te llega una inspección de datos.
¿Cómo afecta esto a las empresas?
Para las empresas medianas y pequeñas, existe una gran desproporción. Es como si fuera una ley pensada, sobre todo, para empresas muy grandes. No hay más que fijarse en las sanciones: las más graves consisten utilizar datos sensibles sin consentimiento del usuario: ideológicos, de creencias, actividad sexual, etc. Por ello te pueden pedir 4 millones. ¿De qué empresa nos está hablando? Hay claramente una desproporcionalidad en esta ley. No obstante, es cierto que tiene especificaciones y no se obliga a todos a todo, pero tienes que entrar en la ley para eso. Fíjate que solamente por tratar datos sensibles, como por ejemplo de salud, incluso una pequeña residencia de 10 ancianos está obligada a cumplir con los requisitos mencionados anteriormente.
¿Qué implicaciones tiene para el usuario?
Tiene muchas ventajas desde el
punto de vista del usuario. El consentimiento
del usuario es la principal herramienta que tiene el ciudadano para
controlar uno mismo qué información personal está en internet. También se
reconoce el derecho al olvido,
aunque eso ya se reguló desde 2014. También hay otros derechos, como el de portabilidad. Ahora viajamos mucho más
que hace 25 años. Este derecho supone que, si yo hago una estancia fuera,
aunque sea de una semana, y estoy suscrita a portales como Netflix España,
estos portales tienen la obligación de facilitarme la transferencia de mis
datos a Netflix UK, por ejemplo. Yo, esté donde esté, puedo trasladar mis
servicios sin darme de alta como una usuaria distinta.
Es una ley que ha beneficiado al ciudadano
Claro, porque es una ley de protección de datos personales del usuario. Es como una ley de privacidad para internet. Porque la privacidad en internet consiste en datos personales de muchos tipos, pero los que más afectan a la privacidad son los datos personales de comportamiento: qué cosas me gustan, qué cosas compro, cuántas veces entro a mis redes sociales… eso es con lo que más se trafica.
«Se deben hacer “leyes sombrillas” con principios amplios, para que luego las empresas y ciudadanos puedan ampliar esos principios amplios a sus negocios o actividades»
¿Cree que todavía falta mucho por legislar?
No sé si es deseable que se legisle tanto. Yo creo que tiene que haber un equilibrio: legislar no vale de nada la ley si actúa sola. Tiene que haber, en primer lugar, un empoderamiento de los ciudadanos sobre sus derechos (y de eso va esta ley). En segundo lugar, unas autoridades de protección de datos en cada país que funcionen de forma efectiva y, en tercer lugar, se tiene que desarrollar muchísimo más el software que, por diseño, proteja datos. Se necesita que ese software esté ya por defecto en todas las aplicaciones y plataformas digitales en Internet. Esto no existe actualmente. Repito, hace falta que ese empoderamiento que se le ha dado al usuario sea eficaz. Es hacer que todo el mundo sepa que podemos pedir que retiren datos nuestros de las redes sociales porque tienen la obligación de hacerlo. El problema es que hasta que la persona que está ahí jugando con tu imagen o datos no se ve amenazada, no lo hace. Tenemos que llegar a un punto en el que este derecho sea tan reconocido por todo el mundo, que cuando alguien te pide que retires algo de Internet, lo haga al momento, inmediatamente. Y eso todavía no ocurre.
¿Por qué ha dicho que no sabe si es deseable que se legisle tanto?
Yo creo que hay que llegar a un punto de equilibrio, porque la ley no lo es todo. Mi opinión es que es mucho mejor hacer “leyes sombrillas” con principios amplios, para que luego las empresas y ciudadanos puedan ampliar esos principios amplios a sus negocios o actividades. Cuando tenemos leyes con tantas especificaciones, se complican las cosas para todos. Parece que necesitas un doctor para descifrar la ley. Al ser una ley que está dirigida a todos los ciudadanos que tratan de una manera u otra con datos personales, debería ser más simple.
¿La justicia va demasiado lenta ante los cambios tan rápidos que se producen con Internet?
Es cierto que la justicia y la
creación de leyes va lenta, pero yo creo que la Unión Europea está bastante
adecuada a los tiempos de las tecnologías. Por ejemplo, el problema del derecho
al olvido se planteó en el año 2000, y en el 2014 se legisló. Aunque para las
personas afectadas es muchísimo, en realidad catorce años para dar con un
derecho que resuelva ese problema no es mucho tiempo. Aunque todo vaya más rápido,
Internet nos facilita la vida en muchos sentidos. ¿Cómo vamos a renunciar a
todo lo que nos aporta la sociedad de la comunicación en la que vivimos? No
podemos renunciar, aunque sí que tenemos que intentar limitar los aspectos
negativos que nos afectan, como puede ser la pérdida de privacidad, siempre dentro
de unos límites razonables.
¿Algo más que destacar de esta ley?
Sí, el hecho tan polémico de que la Ley española de Protección de Datos, de entrada, excluya de su aplicación a la ley del régimen electoral. Es decir, no afecta a la ley del régimen electoral. Y además, en la disposición final tercera se añade el artículo 58 bis, que es el que permite obtener datos de los usuarios de carácter ideológico y hacer perfiles políticos a partir de datos que estén en webs, redes sociales, etc. Que es justo lo contrario a lo que dice el reglamento. El Defensor del Pueblo lo ha llevado al tribunal constitucional, pero hasta que lo resuelva, ya habrán pasado las elecciones. Quizá para las elecciones siguientes esto ya no pueda hacerse, pero mientras tanto, seguirá pasando solo en España.
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¿Qué piensas acerca de las nuevas leyes? ¿Estás de acuerdo con los cambios en la legislación? ¡Deja tus comentarios aquí abajo!
MARCOS DANIEL MARTÍNEZ.- Sitúense. Una clase de Educación Física de cualquier colegio de este país. Un profesor intentando conseguir que sus alumnos desarrollen su motricidad, por donde empieza a desarrollarse la inteligencia en los primeros años de vida tal y como advertía Rousseau. Desafortunadamente, el docente no encuentra la respuesta que hace unos años cabría esperar.
En lugar de coordinación, aparece la torpeza e incluso el
miedo o negación a participar. En vez de
ilusión y ganas, lo que resultaría habitual en esta edad, la desidia y apatía
se apoderan de ellos en cuanto la actividad requiere un escalón superior de
esfuerzo. Y la paciencia, ¿dónde? La han perdido.
Con la irrupción de las nuevas tecnologías la humanidad ha ganado en muchos aspectos, pero a nadie escapa que su mal uso puede provocar daños importantes. Concretamente, la utilización excesiva en la infancia es probablemente la más perjudicial. En cualquier sitio se pueden contemplar niños muy pequeños “atados” a un Smartphone, tablet, u otro dispositivo electrónico. El objetivo es claro, mantener entretenido al crío, mientras los padres pueden seguir con sus cosas. Las tardes que antes se ocupaban en jugar en el parque o en la calle, ahora se pasan jugando partidas al fortnite o videojuego de turno y contemplando a youtubers.
«La época donde más recursos educativos tienen los niños y más a su alcance, coincide con el momento en el que se están educando personas menos resilientes, con menos capacidad de esfuerzo y menor tolerancia a la frustración»
Las consecuencias, no tan inmediatas, son alarmantes. Se
pierde la atención, desaparece la motivación, y se acostumbra a la persona al
mal hábito de la inmediatez. Nos sucede incluso a los adultos, que lo queremos
todo ya, al momento, olvidando que las cosas requieren su tiempo. Y claro, si
solo se busca el refuerzo inmediato,
todo aquello que requiere un mínimo de esfuerzo y dedicación parece demasiado
costoso como para intentarlo si lo comparamos con la utilización de un móvil.
Y aquí comienzan las reflexiones, que son fruto de la
asiduidad con la que se producen situaciones como la indicada anteriormente.
Hace tiempo leí las palabras de Toni Nadal, el tío del mejor tenista español de
la historia, donde aseguraba que los jóvenes de hoy en día lo tenían todo y
achacaba a esa razón la menor progresión de las nuevas generaciones en el mundo
del tenis. Desafortunadamente creo que acertaba de pleno. Y es que la época donde más recursos educativos tienen los niños y más
a su alcance, coincide con el momento en el que se están educando personas
menos resilientes, con menos capacidad de esfuerzo y menor tolerancia a la
frustración.
Las nuevas tecnologías pueden y deben ser una herramienta perfecta para brindar oportunidades continuas de aprendizaje a nuestros alumnos. Sin embargo, su mala utilización o emplearlas en exceso son riesgos que tienen consecuencias graves sobre el carácter de los niños. Por ello debemos tener mucho cuidado y poner limitaciones en la interacción de los más pequeños con los dispositivos electrónicos. Y, sobre todo, no se olviden de lo importante que es jugar, pero jugar de verdad, con balones, combas, bicicletas, como se lleva haciendo siempre.
Marcos Daniel Martínez es maestro de Educación Primaria con mención en Educación Física. Visita su perfil de Linkedin o Twitter para saber más sobre él
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Cada lunes publico una columna de opinión de extensión y tema libre, relacionado con el uso de Internet y las redes sociales. Tú también puedes colaborar. Si quieres publicar tu texto en Hiperconectados, no dudes en escribirme a andreabravoaraujo@gmail.com o contactarme a través de mis redes sociales.
EVA BAROJA.- Viernes noche. Cena de chicas en el piso de una amiga en Puente de Vallecas. “Es súpernormal. Aquí en Madrid se lleva mucho”. Cojo la botella de Frizzante y lleno la copa. Creo que mi cara de perplejidad es tal que, ante mi silencio, Natalia me interpela al momento: “Chica, es que tu eres muy antigua”, argumento que inmediatamente es secundado por las demás.
Todas tienen Tinder, menos yo, que en un inexplicable arranque de rebeldía, me niego a usar una aplicación en la que las personas se convierten en productos de carne y hueso expuestos en un escaparate virtual. Tinder es el Zara online de las relaciones: bonito, barato y al alcance de un solo clic. Si no te gusta su físico arrastras a la izquierda y si te gusta, a la derecha. Así una y otra vez. Como cuando “añades al carrito” un par de pantalones en el Black Friday.
Según el psicólogo alemán Christoph Joseph Ahlers, “ligar a base de perfiles no deja de ser hacerse publicidad de uno mismo, pero esa publicidad puede ser engañosa”
Los defensores a ultranza de Tinder –entre ellos alguna de mis amigas– sostienen que esta aplicación es igual que una discoteca, pero mejor, porque no te tienes que mover de casa ni te gastas dinero en salir una noche para intentar ligar, la mayoría de las veces, sin éxito. La diferencia es que en cualquier garito tienes delante a una cara real, a un tipo que no se esconde detrás de un perfil de Internet y al que puedes conocer de una forma más o menos natural. Si te apetece. Según el psicólogo alemán Christoph Joseph Ahlers, “ligar a base de perfiles no deja de ser hacerse publicidad de uno mismo, pero esa publicidad puede ser engañosa”. No sería la primera vez que alguien tiene una cita a través de esta aplicación y cuando llega, se encuentra con una persona de 30 años más y que solo se parece a su foto de perfil en el blanco de los ojos.
Tinder no deja de ser un coach personal que infla nuestra autoestima a base de matches. El match es esa mágica conexión virtual que se produce entre dos desconocidos que estáis en el sofá de casa –en pijama y comiendo pizza– después de una larga jornada de trabajo. ¡Qué romántico! Es entonces cuando tienes vía libre para hablar con la persona de la foto de perfil. La interacción comienza con un escueto “hola”, al que le sigue otro “hola” con un emoticono y una extraña conversación que a los pocos minutos se hace banal, incómoda, artificial… Al no ser que se busque sexo directamente y sin cortapisas, que –¡ojo!– es igual de respetable.
Si éste es el único objetivo, puede que Tinder sea la mejor aplicación del mercado para conseguirlo. Pero no pretendas buscar detrás de la pantalla el flechazo, la química instantánea, las mariposas en el estómago, el amor de tu vida o a alguien con quien pasar la vejez cogidos de la mano en el porche. Seré una antigua, pero ellas saben igual que yo que el amor se encuentra de otra forma, incluso en tiempos de Tinder.
Eva Baroja es estudiante de Filología y Periodismo en la Universidad de Navarra
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El 2018 ha sido un año negro para las redes sociales. Después del escándalo de Cambridge Analytica y Facebook, algunas personalidades conocidas han aprovechado para lanzar sus advertencias acerca del uso de las redes sociales. Jaron Lanier, pionero del mundo digital, las explica en su libro ‘Diez razones para dejar tus redes sociales de inmediato’
ANDREA BRAVO.- El 20 de septiembre de 2018, ‘Diez Razones para borrar tus redes sociales de inmediato’ comenzó a venderse en España. El autor del libro es Jaron Lanier, pionero del mundo digital y uno de los escritores más famosos sobre tecnología. En su libro, Lanier muestra su preocupación por el camino por donde nos está llevando la tecnología. Según él, la decisión de dejar las redes sociales es la única solución (por ahora) para evitar que nos controlen en nuestra vida diaria.
Con estas diez razones, Lanier se une al movimiento de “desconexión digital” que también defienden algunas personalidades como el antiguo diseñador ético de Google Tristan Harris o el profesor de Psicología y Marketing de la Universidad de Nueva York Adam Alter. En su libro, Lanier hace alusión al escándalo de Cambridge Analytica y Facebook porque, aunque ya han pasado nueve años desde que el activista Eli Pariser publicara su libro ‘El filtro burbuja’ esta misma idea ha vuelto a la esfera pública gracias a este escándalo.
En 2018 se conoció que la compañía usó datos de los usuarios de Facebook para influir e incluso cambiar la percepción política de los ciudadanos estadounidenses durante las elecciones de 2016. Y esto lo lograron gracias al filtro burbuja: los algoritmos que posibilitan a las redes almacenar nuestros datos cuando etiquetamos a un amigo, cuando le damos like a una publicación o cuando la compartimos. Son empresas que viven de nuestros datos y su venta a terceros. Y Lanier denuncia precisamente esto en su primera razón para que dejes tus redes: estás perdiendo tu libertad. Según este autor, el problema está en que a través de estos datos se pueden modificar comportamientos y percepciones o, gracias a al filtro burbuja, no poder salir de ellas.
En una entrevista para la revista OMPI, Lanier decía: “Es una lástima, pero el mundo de la red se ha vuelto muy segmentado y estrecho de miras. Además está adquiriendo características que favorecen el aislamiento. Las plataformas de las redes sociales en Internet emplean algoritmos que nos transmiten información en la que, según sus cálculos, ya estamos interesados; de manera que es como si nos encontráramos encerrados en una habitación espejada y nuestra experiencia del mundo fuera cada vez más limitada”.
Adicción tecnológica
Adam Alter, profesor de Psicología y Marketing de la Universidad de Nueva York, comparte en su libro ‘Irresistible: ¿Quién nos ha convertido en yonquis tecnológicos?’ la idea de Tristan Harris, antiguo diseñador ético de Google: “El problema no es que a la gente le falte fuerza de voluntad, sino que hay mil personas al otro lado de la pantalla cuyo trabajo es romper la autorregulación que tienes».
Para Alter, la tecnología no es buena ni mala hasta que es manejada por corporaciones que la diseñan para el consumo masivo, que convierten las herramientas que disponemos en Internet en adictivas. Aunque no piensa que debamos abandonar las redes por completo, sí cree que es necesario reducir el uso de la tecnología en nuestro día a día. Los gobiernos están dando cuenta de los peligros que entrañan las redes y el año pasado, el Ministerio de Sanidad español incluyó las adicciones a las nuevas tecnologías en el Plan Nacional de Adicciones. En Madrid ya se ha abierto el primer servicio de atención en adicciones tecnológicas, dirigido a adolescentes.
Alter explica que no solo los químicos generan comportamientos adictivos (como pueden generar el tabaco o el alcohol), sino que nuestra adicción también nace por un componente biológico: la dopamina, que es el neurotransmisor del amor y el placer. “Igual que las drogas desencadenan la producción de dopamina, las señales comportamentales también lo hacen. Cuando un adicto a los videojuegos enciende el portátil, sus niveles de dopamina se disparan; cuando una adicta al ejercicio se ata las zapatillas de correr, sus niveles de dopamina también se disparan. A partir de este momento, estos adictos del comportamiento se parecen mucho a los adictos a las drogas. Las adicciones no están motivadas por las drogas o los comportamientos en sí, sino por la idea aprendida con el tiempo, de que son capaces de proteger a los adictos de su malestar psicológico”, afirma el psicólogo (p, 80-81 del libro).
Una reflexión desde la filosofía
El filósofo surcoreano Byung-Chul Han
reflexiona sobre este mismo tema en su libro ‘En
el enjambre’:
“Ante el vertiginoso crecimiento del medio electrónico, Marshall McLuhan, teórico de los medios, advertía en 1964: la tecnología eléctrica está ya dentro de nuestros muros y estamos embotados, ciegos, sordos y mudos, ante su encuentro con la tecnología de Gutenberg. Algo semejante sucede hoy con el medio digital. Somos programados de nuevo a través de este medio reciente, sin que captemos por entero el cambio radical de paradigma. Cojeamos tras el medio digital, que, por debajo de la decisión consciente, cambia decisivamente nuestra conducta, nuestra percepción, nuestra sensación, nuestro pensamiento, nuestra convivencia. Nos embriagamos hoy con el medio digital, sin que podamos valorar por completo las consecuencias de esta embriaguez. Esta ceguera y la simultánea obnubilación constituyen la crisis actual” (página 16 del libro).
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Y tú, ¿estarías dispuesto a dejar tus redes sociales? ¿Crees que es la única manera de escapar de su control?
JULEN SOBEJANO.- Asegurar que la comunicación no tiene límites parece evidente. Las nuevas maneras de mostrar lo que haces, más allá de los legacy media, ha impactado de forma contundente en las empresas. Todas ellas han tenido que apostar más que nunca por la comunicación en sus órganos internos. Quieren atender de forma efectiva la relación con cada uno de los stakeholders que componen su idiosincrasia. Las redes sociales han sido clave en esto, puesto que han permitido a las instituciones (públicas como privadas) mostrar su naturaleza ante la sociedad de forma visible, original e innovadora.
Con la comunicación, las empresas buscan generar rentabilidad y confianza a sus públicos, que les dé pie a mejorar la relación con ellos y a ganar reputación dentro del sector. A esta última se le está dando mucha importancia: “El 67% de los ejecutivos creen que la reputación es una prioridad alta en sus compañías”, afirma el Reputation Institute, por ejemplo.
«Como empresa, escuchar la conversación en las redes mejora tu forma de comunicar y de relacionarte con tu público»
La forma en la que se mide atiende principalmente a los activos intangibles. Con ellos la empresa muestra su visión, su misión y sus valores, así como el capital humano (personas, propiedad intelectual o relaciones internas) que la compone. Escuchar la conversación en las redes mejora tu forma de comunicar y de relacionarte con tu público, por eso es importante la comunicación, y de esto se han dado cuenta ahora las instituciones. Gracias a las redes, también han podido diferenciar el mensaje para cada uno de ellos, comunicando con cada tuit y cada post su misión, visión y sus valores.
En definitiva, esta nueva realidad ha reforzado el papel de periodista, que ya no solo se limita a trabajar en medios de comunicación convencionales, sino que gracias a las nuevas narrativas se le ha abierto nuevas posibilidades.
Julen Sobejano es estudiante de Periodismo en la Universidad de Navarra
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Cada lunes publico una columna de opinión de extensión y tema libre, relacionado con el uso de Internet y las redes sociales. Tú también puedes colaborar. Si quieres publicar tu texto en Hiperconectados, no dudes en escribirme a andreabravoaraujo@gmail.com o contactarme a través de mis redes sociales.
Comunicador social y doctor en sociología por la upna, Javier Erro afirma la necesidad de salir de la comunicación para entenderla desde fuera. Para ERRO, la era de la posverdad no se remite solo a la proliferación de noticias falsas en los medios, sino que el problema surge de una sociedad que gira alrededor de la mentira y la falsedad
ANDREA
BRAVO.- Este lunes, El País anunciaba
la activación de una unidad de expertos del Gobierno, provenientes del
Departamento de Seguridad Nacional, la secretaría De Estado de Comunicación y
otros ministerios para combatir la desinformación y los ciberataques en
Internet de cara a la temporada electoral de este año.
Según los datos del último Eurobarómetro aplicado a España, 8 de cada 10 españoles consideran la desinformación como un problema general de la democracia. Un 79% de los encuestados afirma que a menudo “encuentran noticias falsas o información que distorsiona la realidad”. Ante esta creciente proliferación de fake news, los expertos hablan no solo de un problema en la comunicación, sino también en la sociedad. El comunicador social Javier Erro opina que el inconveniente principal está en que “se ha hecho de la mentira el eje articulador de la sociedad”. Para comprender el fenómeno de las noticias falsas, Erro asegura que hay que ir a otros ámbitos como la psicología y la sociología, puesto que “los problemas comunicativos no se pueden resolver solo desde la comunicación”.
El comunicador social y Doctor en Sociología Javier Erro. FOTO PROPIA
P: ¿Por qué se habla de la era de la posverdad?
R: La mentira ha existido siempre, incluso más que la verdad. De hecho, la verdad aún no sabemos lo que es. Lo que ha sucedido es que la sociedad ha hecho de la mentira su eje articulador. Es decir, la mentira se ha constituido en el eje de la vida política, profesional y social. Al ser la comunicación la centralidad de lo social, es ahí donde se nota más la mentira y el lugar donde ha tomado más importancia.
P: ¿Habla de la comunicación como un reflejo de la sociedad?
R: La comunicación es el reflejo de la sociedad y la sociedad es el reflejo de la comunicación, porque se retroalimentan. El tema de fondo en esta cuestión, y lo más peligroso, es la confusión entre realidad e irrealidad. Esta confusión tiene dos características principales: la creación de un mundo basado en el consumo y la imagen, y la creación de un mundo acelerado. Esta es la sociedad de la aceleración social.
«El mundo que hemos creado basado en el consumo y en la mercantilización de las cosas nos ha llevado al mundo de lo falso»
P: ¿Qué supone esta aceleración social?
R: La aceleración social supone una paradoja: vivimos en una comunidad hipercompleja en la que tenemos que responder rápido ante los estímulos. Esas respuestas y decisiones rápidas las solemos hacer con falta de información, porque a pesar de que tenemos más que nunca, también sobreabundan datos irrelevantes. Por otra parte, el mundo que hemos creado basado en el consumo y en la mercantilización de las cosas nos ha llevado al mundo de lo falso. La estructura social está basada en la mercantilización de las relaciones afectivas, de los hijos, de los estudios, etc. Ha llegado un punto en el que también se ha mercantilizado nuestra información, que ahora se vende a las empresas.
P: ¿Hacia dónde nos puede llevar la mercantilización de nuestros datos?
R: Por primera vez en la historia, las empresas detrás de las redes sociales pueden llegar a conocernos mejor que a nosotros mismos. Lo saben todo de nosotros porque, además, les damos nuestros datos gratis y de manera inconsciente. Esto nos puede llevar al «metatotalitarismo», una situación en la que nuestros datos van a ser utilizados en beneficio de empresas o partidos políticos.
P: ¿Por qué se dice que los entornos virtuales han potenciado la circulación de la falsedad?
R: Las tecnologías no son inocentes, pero tampoco son benditas ni malvadas. Lo que hay es una tensión entre su forma y su utilidad. Es cierto que las redes sociales nos ofrecen un mundo de irrealidad en el que podemos vivir de forma paralela. Sin embargo, y me remito a las palabras del sociólogo Jean Baudrillard, existe una confusión entre realidad e irrealidad, que se intensifica a través de Internet. Ante esta situación, existen tres respuestas. La primera entiende esta confusión que lleva a la falsedad social como un problema de moda: “Esto está pasando ahora, pero dentro de un tiempo se tranquilizará”. La segunda idea es la catastrofista. Uno de sus mayores representantes es Gil Calvo, catedrático de Comunicación Política en la Universidad Complutense de Madrid. Él piensa que solo una catástrofe puede salvar a la sociedad de la falsedad. La tercera respuesta, en la que yo me incluyo, mira a la sociedad actual como una posibilidad de cambio. Nada volverá a ser sustantivamente como antes. El cambio que vamos a asumir, a partir del uso de Internet, va a ser radical. No digo que sea negativo, pero sí radical.
«Según el filósofo Byung-Chul Han, nos imponemos tales ritmos de auto-explotación que no necesitamos a nadie que nos someta»
P: ¿Cómo se va a producir ese cambio?
R: Para entenderlo, voy a referirme al filósofo Byung-Chul Han. Este hombre ha trabajado el tema de la psicopolítica. Según él, por primera vez en la historia, somos nuestros propios explotadores. Ya no necesitamos un amo o un sistema que nos explote, sino que nosotros mismos, con nuestras ansias de realización personal, la necesidad de estar activos y de vivir acelerados, nos imponemos tales ritmos de auto-explotación que no necesitamos a nadie que nos someta. Esto, unido a una situación de precariedad antropológica, nos ha llevado a conformarnos con lo que hay, a asumir una especie de fatalidad en nuestras vidas. Yo soy constructivista y, desde mi punto de vista, la sociedad es una construcción social y, por tanto, somos nosotros mismos quienes la construimos, como también construimos la percepción que tenemos de ella.
P: ¿Qué papel toma el periodista en este proceso de cambio?
R: El periodista tiene la misión de contar lo que está pasando. Pero para eso necesitamos periodistas de todo tipo. Necesitamos comunicadores que trabajen sus contenidos despacio, que ofrezcan un contenido pausado, pero también personas que sepan utilizar las redes. El problema es que hemos descuidado en nuestras facultades el perfil de comunicador social que haga un trabajo de esfuerzo intelectual. Hay que transformar la forma de enseñanza, y los profesores debemos adaptarnos y aprender a equilibrarla. Hay cosas que han cambiado. Por ejemplo, los jóvenes siguen un nivel de lectura distinto. Eso no es malo, simplemente diferente. Lo que se necesita es formar estudiantes con criterio para seleccionar, para distinguir lo falso de lo verdadero, para no reducir la realidad de forma simplista. Para que las personas sean autónomas, es fundamental educar su propio criterio. La pregunta que nos deberíamos hacer es: ¿sería posible una comunicación de la veracidad en esta sociedad?
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Y tú, ¿qué piensas? ¿sería posible una comunicación de la veracidad en esta sociedad? ¿Se puede cambiar de una sociedad acelerada a una más pausada? ¡Deja tu opinión en los comentarios!
BEATRIZ JORDÁN.- Fíjese en este caso: El periodista José María Olmo comparaba en un tweet la repercusión de dos noticias diferentes ⸺publicadas por él⸺. Una de ellas hablaba del crimen del concejal de Llanes. La otra, sobre una investigación contra Iberdrola por inflar el precio de la luz. Los lectores devoraron la primera nada más lanzarla. La segunda, no estuvo ni entre las diez más leídas de ese día.
Se discursea mucho sobre la crisis de los medios y la incertidumbre en la que deambula el periodismo. Pero muy poco se discute de la pasividad de los ciudadanos. Las personas viven anestesiadas por otro tipo de quehaceres. Un claro ejemplo: el adictivo mundo del like en el que viven inmersos. Una vida virtual ⸺paralela a la real⸺ les lleva a buscar con ansias una foto que permita conseguir más y más likes.
«Esa esencia del perro guardián que vigila la democracia ha quedado en tierra sin nadie»
La simplona obsesión por la aprobación mediática deja en un segundo plano cuestiones ⸺aparentemente⸺ irrelevantes. Las noticias significativas no interesan. Aunque nos estén manipulando las facturas de la luz, el morbo que generan los laberintos amorosos de Llanes sigue ocupando el puesto número uno. Frente a unos datos que a Olmo le costaron dos meses de trabajo, una pieza escrita en cinco horas se sale de la gráfica.
Lo del cuarto poder parece que ya no se lleva, o al menos, no vende. Cada vez escasean más los equipos de investigación en los diarios tradicionales. Es lo primero a lo que se mete la tijera. Esa esencia del perro guardián que vigila la democracia ha quedado en tierra sin nadie. Sin embargo, hay periodistas que siguen creyendo en la información de calidad. Hay medios de comunicación que siguen arriesgando ⸺su negocio al fin y al cabo⸺ con noticias que no suelen coincidir con las que prefiere la mayoría. Por desgracia.
El periodista de El Confidencialterminaba diciendo que seguirán con Iberdrola, con los bancos que blanquean dinero de la prostitución, los políticos que financian campañas con donaciones ilegales y otros temas poco leídos. La sociedad necesita de estos asuntos, aunque haya que meterlos con embudo. Para que despierten y sean conscientes del mundo ⸺real, del día a día⸺ en el que están presentes. Pero no viven. Sin anestesia.
Beatriz Jordán es estudiante de Periodismo en la Universidad de Navarra. Visita su blog Más Allá de la Fiesta y conoce las últimas novedades de las peñas de Pamplona
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Cada lunes publico una columna de opinión de extensión y tema libre, relacionado con el uso de Internet y las redes sociales. Tú también puedes colaborar. Si quieres publicar tu texto en Hiperconectados, no dudes en escribirme a andreabravoaraujo@gmail.com o contactarme a través de mis redes sociales
En la era digital, los influencers y youtubers se han convertido en los nuevos ídolos de niños y adolescentes que quieren ser como ellos. Sin embargo, la locura por los likes o la sobreexposición en las redes puede tener consecuencias negativas para los menores. David Ruipérez, periodista y autor de ‘Mi vida por un like’, explora en su libro cómo nos ha cambiado el mundo digital y, en concreto, cómo puede afectar a los niños
ANDREA BRAVO.- El año pasado, un niño de siete años entró en la lista los youtubers mejor pagados de Forbes. Con 22 millones de dólares (unos 19 millones de euros), Ryan ToysReview se alza con el primer puesto de la lista. El canal, controlado por los padres del niño, tiene 18 millones de suscriptores. Ryan se dedica a realizar reseñas de juguetes, con tanto éxito que el verano pasado lanzó su propia colección apoyado por Walmart, una cadena de supermercados estadounidense.
En España, es el canal Las Ratitas el que lidera las listas de influencia en la red, según la clasificación de Socialblade. Con más de 11 millones de suscriptores, las hermanas Claudia y Gisele, de seis y siete años, juegan ante las cámaras para divertir a otros niños. Una actividad que puede parecer inocente ha sido denunciada por Save the Children que, a través del Consejo Audiovisual de Cataluña, ha exigido iniciar una investigación a la Fiscalía de Menores de Barcelona por una supuesta instrumentalización de las niñas.
Crece la polémica ante la proliferación de canales de menores en YouTube. Sin embargo, para muchos niños, ser youtuber puede llegar incluso a ser “su trabajo soñado”. El periodista David Ruipérez explora el fenómeno de los influencers, youtubers y gamers en ‘Mi vida por un like’, en el que también ofrece consejos a los padres para guiar a sus hijos en un uso adecuado de las redes sociales
El periodista y escritor David Ruipérez. FOTO: JAVIER RUIZ BURÓN
P: ¿Por qué se ve tan mal la exposición de niños en YouTube mientras se acepta a niños actores o cantantes?
R: Hay, proporcionalmente, muy pocos niños actores y cantantes y muchos de ellos, no todos, han acabado como juguetes rotos y han lamentado perderse una infancia normal. Ser niño del mundo del espectáculo implicaba castings, contactos, etc. No es fácil. Sin embargo, ser un niño youtuber está al alcance de cualquiera y puede ser un mero entretenimiento o un gran negocio. Los niños quieren ser youtubers porque creen que les van a llover los regalos sólo por jugar o hacer monerías ante la cámara. Necesitan la complicidad de los padres tanto para crear el canal como para editar los vídeos.
P: ¿Cuáles pueden ser las consecuencias de ser un niño youtuber?
R: Si les va muy bien estarán sometidos a la presión, como les sucede a los youtubers adultos, de crear contenidos originales con cierta periodicidad, y eso genera presión y les resta tiempo, no sólo de los estudios, sino de algo tan básico como jugar. Si tienen mucho éxito y fama su desarrollo emocional no va a ser normal, porque no son maduros, y puede que a la larga todo ello tenga algunas consecuencias a nivel anímico o psicológico. No me parece muy sano y creo, sí, que pueden estar sometidos a presión por parte de su entorno cuando generan una gran cantidad de dinero. En casos extremos podría ser explotación laboral infantil. Como un juego o una forma de expresarse, YouTube o las redes sociales en general pueden incentivar la creatividad o aportar valores como la recompensa al trabajo duro, pero muchos mini influencers pueden darse un golpe con la realidad cuando crezcan y, en general, lamentar haberse perdido capítulos clave del desarrollo de la mayor parte de los niños.
«No creo que creándoles su propia televisión para que lo vean millones de desconocidos se esté protegiendo al menor»
P: Algunos padres de niños youtubers creen que estando “detrás” de ellos ya basta para que no haya ningún peligro para sus hijos. La madre de una niña youtuber decía en La Sexta: “Los papás que piensan que los niños están muy sobreexpuestos deberían saber que sus padres están detrás y tienen una buena protección”. ¿Qué respondería a esta afirmación?
R: Los padres deberían proteger la imagen del menor en lugar de lucrarse con ella. Llevamos décadas pixelando las caras de los niños en los medios de comunicación y ahora se hace alarde. Habrá padres responsables detrás de algunos niños y niñas youtubers y otros no tanto. No podemos generalizar. Creo que hay que reforzar el apoyo psicológico de estos menores porque, en la frágil autoestima del adolescente, estar expuesto supone que también otras personas pueden comentar tu aspecto, tu físico o tu forma de hablar y hacerles mucho daño. No creo que creándoles su propia televisión para que lo vean millones de desconocidos se esté protegiendo al menor. Pero no quiero ser radical, hay niños que pueden mostrar sus habilidades en YouTube, ser creativos, hacer malabares o teatro, pero cuando el chico o chica se convierte en esclavo de unos fans a los que no quiere defraudar puede sufrir mucho.
P: Un consejo que da a los padres en su libro es el de enseñar a los niños a respetar su propia intimidad. Sin embargo, en un entorno donde todo el mundo publica lo que hace a cada momento, ¿qué argumentos podrían usarse para que los niños lo entiendan como algo que les puede perjudicar en el futuro? ¿Cómo explicar el concepto de «huella digital» a un niño?
R: Los niños y adolescentes no hacen caso a lo que le podamos decir los adultos y mucho menos si el adulto es su padre o madre. Lo mejor es que lo comprueben en ejemplos de los influencers que conocen, gente a la que la fama, la presión o la sobreexposición le ha pasado factura de alguna forma. Fotos de chicas en traje de baño que han acabado en manos de pederastas, etc. En cualquier caso, ellos no piensan en las consecuencias a largo plazo. Se puede sembrar desde que son pequeños, mensajes sobre que si revelas todo el tiempo lo que haces o dónde te encuentras pueden robar en tu casa o hacerles entender que no es bueno que la gente sepa en qué colegio estudias. Pero, insisto, lo mejor es mostrarle la cara B de las redes sociales mediante ejemplos que les resulten familiares.
P: ¿Qué piensa del movimiento de “desconexión digital” (eliminación de las cuentas en las redes sociales) que promueven algunos personas como la única solución para evitar el uso de sus datos y no ser manipulado a través de las burbujas informativas?
R: Sí, asusta pensar en el uso de nuestros datos, de que podemos ser unas marionetas o personas manipulables, pero tampoco podemos volver al pasado. Las redes e Internet forman parte de nuestra vida. Si te conviertes en un ermitaño y te mudas a una cueva y no tienes contacto con otros seres humanos seguro que no te manipulan. Muchas personas nos hemos vuelto esclavos de las redes sociales y está claro que prescindir de ellas te hace más libre y quizá más feliz, pero también puede que te prive de un círculo de amigos o no te enteres de lo que pasa en el mundo. Mejor hacer un uso racional y poder sentarte bajo un árbol a leer un rato sin hacer caso a los pitidos del teléfono.
«La educación en los colegios es fundamental para que los jóvenes no se crean las fake news y tengan un pensamiento crítico»
P: ¿Ve necesaria una asignatura de educación digital o alfabetización mediática para niños?
R: Sin duda. Resulta imprescindible, pero con la Educación como arma arrojadiza entre partidos políticos o Gobiernos Autonómicos no sé si podrán ponerse de acuerdo. Muy pocos docentes están mínimamente familiarizados con las redes sociales, por eso les conviene leer ‘Mi vida por un like‘. La educación en los colegios es fundamental para que los jóvenes no se crean las fake news y tengan un pensamiento crítico. Y también para que hagan un uso adecuado de las redes sociales.
Sobre David Ruipérez, autor de ‘Mi vida por un like’
Madrid. 1979. David Ruipérez es un periodista con dilatada trayectoria en la información de salud, ciencia y tecnología. Actualmente es coordinador de contenidos en el Departamento de Comunicación del Consejo General de Enfermería de España y durante muchos años fue jefe de sección en el diario La Razón, donde estuvo al frente del prestigioso y veterano semanario dominical A tu salud. Colaborador en distintos medios y autor de libros divulgativos como Mi mente es mi enemigo y El carnívoro feliz.