Las diez razones de Jaron Lanier para que dejes tus redes sociales

El 2018 ha sido un año negro para las redes sociales. Después del escándalo de Cambridge Analytica y Facebook, algunas personalidades conocidas han aprovechado para lanzar sus advertencias acerca del uso de las redes sociales. Jaron Lanier, pionero del mundo digital, las explica en su libro ‘Diez razones para dejar tus redes sociales de inmediato’

ANDREA BRAVO.- El 20 de septiembre de 2018, ‘Diez Razones para borrar tus redes sociales de inmediato’ comenzó a venderse en España. El autor del libro es Jaron Lanier, pionero del mundo digital y uno de los escritores más famosos sobre tecnología. En su libro, Lanier muestra su preocupación por el camino por donde nos está llevando la tecnología. Según él, la decisión de dejar las redes sociales es la única solución (por ahora) para evitar que nos controlen en nuestra vida diaria.

Con estas diez razones, Lanier se une al movimiento de “desconexión digital” que también defienden algunas personalidades como el antiguo diseñador ético de Google Tristan Harris o el profesor de Psicología y Marketing de la Universidad de Nueva York Adam Alter. En su libro, Lanier hace alusión al escándalo de Cambridge Analytica y Facebook porque, aunque ya han pasado nueve años desde que el activista Eli Pariser publicara su libro ‘El filtro burbuja’ esta misma idea ha vuelto a la esfera pública gracias a este escándalo.

En 2018 se conoció que la compañía usó datos de los usuarios de Facebook para influir e incluso cambiar la percepción política de los ciudadanos estadounidenses durante las elecciones de 2016. Y esto lo lograron gracias al filtro burbuja: los algoritmos que posibilitan a las redes almacenar nuestros datos cuando etiquetamos a un amigo, cuando le damos like a una publicación o cuando la compartimos. Son empresas que viven de nuestros datos y su venta a terceros. Y Lanier denuncia precisamente esto en su primera razón para que dejes tus redes: estás perdiendo tu libertad. Según este autor, el problema está en que a través de estos datos se pueden modificar comportamientos y percepciones o, gracias a al filtro burbuja, no poder salir de ellas.

En una entrevista para la revista OMPI, Lanier decía: “Es una lástima, pero el mundo de la red se ha vuelto muy segmentado y estrecho de miras. Además está adquiriendo características que favorecen el aislamiento. Las plataformas de las redes sociales en Internet emplean algoritmos que nos transmiten información en la que, según sus cálculos, ya estamos interesados; de manera que es como si nos encontráramos encerrados en una habitación espejada y nuestra experiencia del mundo fuera cada vez más limitada”.

Adicción tecnológica

Adam Alter, profesor de Psicología y Marketing de la Universidad de Nueva York, comparte en su libro ‘Irresistible: ¿Quién nos ha convertido en yonquis tecnológicos?’ la idea de Tristan Harris, antiguo diseñador ético de Google: “El problema no es que a la gente le falte fuerza de voluntad, sino que hay mil personas al otro lado de la pantalla cuyo trabajo es romper la autorregulación que tienes».

Para Alter, la tecnología no es buena ni mala hasta que es manejada por corporaciones que la diseñan para el consumo masivo, que convierten las herramientas que disponemos en Internet en adictivas. Aunque no piensa que debamos abandonar las redes por completo, sí cree que es necesario reducir el uso de la tecnología en nuestro día a día. Los gobiernos están dando cuenta de los peligros que entrañan las redes y el año pasado, el Ministerio de Sanidad español incluyó las adicciones a las nuevas tecnologías en el Plan Nacional de Adicciones. En Madrid ya se ha abierto el primer servicio de atención en adicciones tecnológicas, dirigido a adolescentes.

Alter explica que no solo los químicos generan comportamientos adictivos (como pueden generar el tabaco o el alcohol), sino que nuestra adicción también nace por un componente biológico: la dopamina, que es el neurotransmisor del amor y el placer. “Igual que las drogas desencadenan la producción de dopamina, las señales comportamentales también lo hacen. Cuando un adicto a los videojuegos enciende el portátil, sus niveles de dopamina se disparan; cuando una adicta al ejercicio se ata las zapatillas de correr, sus niveles de dopamina también se disparan. A partir de este momento, estos adictos del comportamiento se parecen mucho a los adictos a las drogas. Las adicciones no están motivadas por las drogas o los comportamientos en sí, sino por la idea aprendida con el tiempo, de que son capaces de proteger a los adictos de su malestar psicológico”, afirma el psicólogo (p, 80-81 del libro).

Una reflexión desde la filosofía

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han reflexiona sobre este mismo tema en su libro ‘En el enjambre’:

“Ante el vertiginoso crecimiento del medio electrónico, Marshall McLuhan, teórico de los medios, advertía en 1964: la tecnología eléctrica está ya dentro de nuestros muros y estamos embotados, ciegos, sordos y mudos, ante su encuentro con la tecnología de Gutenberg. Algo semejante sucede hoy con el medio digital. Somos programados de nuevo a través de este medio reciente, sin que captemos por entero el cambio radical de paradigma. Cojeamos tras el medio digital, que, por debajo de la decisión consciente, cambia decisivamente nuestra conducta, nuestra percepción, nuestra sensación, nuestro pensamiento, nuestra convivencia. Nos embriagamos hoy con el medio digital, sin que podamos valorar por completo las consecuencias de esta embriaguez. Esta ceguera y la simultánea obnubilación constituyen la crisis actual” (página 16 del libro).

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Y tú, ¿estarías dispuesto a dejar tus redes sociales? ¿Crees que es la única manera de escapar de su control?

¿Por qué compartimos un meme?

Están por todas partes y, sin embargo, nadie conoce las claves de su viralidad. ¿Por qué compartimos algo que nos hace gracia? Delia Rodríguez, en su libro ‘Memecracia. Los virales que nos gobiernan’, da respuesta a esta pregunta

ANDREA BRAVO.- Manu jugaba a baloncesto cuando se dio un golpe en el costado. No le dio importancia hasta que, unos días después, decidió acudir a urgencias por el dolor que no le había dejado en todo el fin de semana. Cuando llega al médico, le dicen que le tienen hacer placas, por si acaso. Surge un problema: no aparece en la base de datos ni en la seguridad social. Manu se dirige a las oficinas de la Seguridad Social para averiguar qué sucede. “¿Y sabes qué me dicen? ¡Que llevo fallecido desde 2017!”. Sí, mi amigo llevaba “muerto” desde 2017. Dos años sin existir.

Manu me contaba que, al no haber tenido ninguna urgencia ni necesidad de darse de alta de ningún trabajo en la Seguridad Social, no se habían percatado del fallo. Al margen de la confusión y el (gran) error que podría haber llevado a un problema mayor en otro tipo de urgencias, Manu me lo explicaba como una anécdota graciosa en un audio de Whatsapp: “Por lo menos me atendieron rápido en las oficinas de la Seguridad Social. Nadie se creía lo que estaba pasando. Pero bueno, ahora por lo menos me han podido hacer las placas. Tengo una costilla rota”.

Tras conocer la historia, sus amigos no perdieron el tiempo. Aquí os dejo unos ejemplos de los memes que le hicieron:

Si tienes Instagram o Twitter, habrás visto este tipo de imágenes. Aunque la historia de Manu no pasó de Whatsapp, cada día miles usuarios suben memes a las redes adaptándolos a una noticia o a una experiencia personal o colectiva. Las empresas también se suben al tren de los memes para promocionarse, como Desatranques Jaén, una pequeña empresa familiar que ha conseguido llamar la atención de los usuarios de Twitter con sus campañas. Todo comenzó con ‘La leyenda’, el hit de la empresa. El vídeo viral inspiró a otros tuiteros para crear memes sobre Desatranques Jaén.

Pero, ¿cómo surgen los memes? Delia Rodríguez, en su libro ‘Memecracia. Los virales que nos gobiernan’, define los memes como “ideas que saltan de mente en mente. Ideas contagiosas que pueden venir de cualquier época y lugar y evolucionan sin nuestro permiso”.

Por tanto, la periodista entiende por meme no solo como una imagen graciosa con una frase que le acompaña. Un meme puede ser una idea, una fotografía, un vídeo o incluso personas que se ponen de moda. Internet posibilita que las personas compartamos al momento aquello que nos parece relevante o gracioso. En el capítulo tres del libro, Delia Rodríguez establece tres razones por las que compartimos información en las redes:

  1. Compartimos por los demás. La autora del libro cita a Matthew Lieberman, un investigador de la Universidad de California para explicar por qué compartimos por los demás. Según Lieberman, cuando recibimos información, también pensamos en otras personas a las que les podría interesar. Las nuevas tecnologías permiten que ese intercambio se dé al momento, por lo que es más probable que suceda.
  2. Compartimos por nosotros mismos. Una pequeña descarga química recorre nuestro cuerpo cuando compartimos información sobre nosotros. Rodríguez expone un estudio realizado en la Universidad de California en 2012. Comprobaron que las personas que participaron en él estaban dispuestas a dejar de ganar dinero a cambio de hablar de sí mismos.
  3. Compartimos porque no podemos evitarlo. La autora explica que reforzamos lazos con nuestro grupo social a través de los contenidos que compartimos con ellos.

Delia Rodríguez hace una radiografía más extensa de los memes y lo viral en Internet en ‘Memecracia. Los virales que nos gobiernan’. Habla acerca de la sobreinformación, la economía de la atención o los memes y la política. Un libro necesario para comprender de cerca los contenidos que consumimos en Internet.

Sobre la autora del libro

Delia Rodríguez es periodista, fundadora de Verne, web social de El País. También ha trabajado en El Huffington Post y SModa, entre otros. Si quieres conocer su trabajo, puedes visitar su web o su perfil de Twitter.