Educación Física y nuevas tecnologías

MARCOS DANIEL MARTÍNEZ.- Sitúense. Una clase de Educación Física de cualquier colegio de este país. Un profesor intentando conseguir que sus alumnos desarrollen su motricidad, por donde empieza a desarrollarse la inteligencia en los primeros años de vida tal y como advertía Rousseau. Desafortunadamente, el docente no encuentra la respuesta que hace unos años cabría esperar.

En lugar de coordinación, aparece la torpeza e incluso el miedo o negación a participar. En vez de ilusión y ganas, lo que resultaría habitual en esta edad, la desidia y apatía se apoderan de ellos en cuanto la actividad requiere un escalón superior de esfuerzo. Y la paciencia, ¿dónde? La han perdido.

Con la irrupción de las nuevas tecnologías la humanidad ha ganado en muchos aspectos, pero a nadie escapa que su mal uso puede provocar daños importantes. Concretamente, la utilización excesiva en la infancia es probablemente la más perjudicial. En cualquier sitio se pueden contemplar niños muy pequeños “atados” a un Smartphone, tablet, u otro dispositivo electrónico. El objetivo es claro, mantener entretenido al crío, mientras los padres pueden seguir con sus cosas. Las tardes que antes se ocupaban en jugar en el parque o en la calle, ahora se pasan jugando partidas al fortnite o videojuego de turno y contemplando a youtubers.

«La época donde más recursos educativos tienen los niños y más a su alcance, coincide con el momento en el que se están educando personas menos resilientes, con menos capacidad de esfuerzo y menor tolerancia a la frustración»

Las consecuencias, no tan inmediatas, son alarmantes. Se pierde la atención, desaparece la motivación, y se acostumbra a la persona al mal hábito de la inmediatez. Nos sucede incluso a los adultos, que lo queremos todo ya, al momento, olvidando que las cosas requieren su tiempo. Y claro, si solo se busca el refuerzo inmediato, todo aquello que requiere un mínimo de esfuerzo y dedicación parece demasiado costoso como para intentarlo si lo comparamos con la utilización de un móvil.

Y aquí comienzan las reflexiones, que son fruto de la asiduidad con la que se producen situaciones como la indicada anteriormente. Hace tiempo leí las palabras de Toni Nadal, el tío del mejor tenista español de la historia, donde aseguraba que los jóvenes de hoy en día lo tenían todo y achacaba a esa razón la menor progresión de las nuevas generaciones en el mundo del tenis. Desafortunadamente creo que acertaba de pleno. Y es que la época donde más recursos educativos tienen los niños y más a su alcance, coincide con el momento en el que se están educando personas menos resilientes, con menos capacidad de esfuerzo y menor tolerancia a la frustración.

Las nuevas tecnologías pueden y deben ser una herramienta perfecta para brindar oportunidades continuas de aprendizaje a nuestros alumnos. Sin embargo, su mala utilización o emplearlas en exceso son riesgos que tienen consecuencias graves sobre el carácter de los niños. Por ello debemos tener mucho cuidado y poner limitaciones en la interacción de los más pequeños con los dispositivos electrónicos. Y, sobre todo, no se olviden de lo importante que es jugar, pero jugar de verdad, con balones, combas, bicicletas, como se lleva haciendo siempre.

Marcos Daniel Martínez es maestro de Educación Primaria con mención en Educación Física. Visita su perfil de Linkedin o Twitter para saber más sobre él

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El amor en tiempos de Tinder

EVA BAROJA.- Viernes noche. Cena de chicas en el piso de una amiga en Puente de Vallecas. “Es súpernormal. Aquí en Madrid se lleva mucho”. Cojo la botella de Frizzante y lleno la copa. Creo que mi cara de perplejidad es tal que, ante mi silencio, Natalia me interpela al momento: “Chica, es que tu eres muy antigua”, argumento que inmediatamente es secundado por las demás.

Todas tienen Tinder, menos yo, que en un inexplicable arranque de rebeldía, me niego a usar una aplicación en la que las personas se convierten en productos de carne y hueso expuestos en un escaparate virtual. Tinder es el Zara online de las relaciones: bonito, barato y al alcance de un solo clic. Si no te gusta su físico arrastras a la izquierda y si te gusta, a la derecha. Así una y otra vez. Como cuando “añades al carrito” un par de pantalones en el Black Friday.

Según el psicólogo alemán Christoph Joseph Ahlers, “ligar a base de perfiles no deja de ser hacerse publicidad de uno mismo, pero esa publicidad puede ser engañosa”

Los defensores a ultranza de Tinder –entre ellos alguna de mis amigas– sostienen que esta aplicación es igual que una discoteca, pero mejor, porque no te tienes que mover de casa ni te gastas dinero en salir una noche para intentar ligar, la mayoría de las veces, sin éxito. La diferencia es que en cualquier garito tienes delante a una cara real, a un tipo que no se esconde detrás de un perfil de Internet y al que puedes conocer de una forma más o menos natural. Si te apetece. Según el psicólogo alemán Christoph Joseph Ahlers, “ligar a base de perfiles no deja de ser hacerse publicidad de uno mismo, pero esa publicidad puede ser engañosa”. No sería la primera vez que alguien tiene una cita a través de esta aplicación y cuando llega, se encuentra con una persona de 30 años más y que solo se parece a su foto de perfil en el blanco de los ojos.

Tinder no deja de ser un coach personal que infla nuestra autoestima a base de matches. El match es esa mágica conexión virtual que se produce entre dos desconocidos que estáis en el sofá de casa –en pijama y comiendo pizza– después de una larga jornada de trabajo. ¡Qué romántico! Es entonces cuando tienes vía libre para hablar con la persona de la foto de perfil. La interacción comienza con un escueto “hola”, al que le sigue otro “hola” con un emoticono y una extraña conversación que a los pocos minutos se hace banal, incómoda, artificial… Al no ser que se busque sexo directamente y sin cortapisas, que –¡ojo!– es igual de respetable.

Si éste es el único objetivo, puede que Tinder sea la mejor aplicación del mercado para conseguirlo. Pero no pretendas buscar detrás de la pantalla el flechazo, la química instantánea, las mariposas en el estómago, el amor de tu vida o a alguien con quien pasar la vejez cogidos de la mano en el porche. Seré una antigua, pero ellas saben igual que yo que el amor se encuentra de otra forma, incluso en tiempos de Tinder.

Eva Baroja es estudiante de Filología y Periodismo en la Universidad de Navarra

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Las redes ayudan a comunicar

JULEN SOBEJANO.- Asegurar que la comunicación no tiene límites parece evidente. Las nuevas maneras de mostrar lo que haces, más allá de los legacy media, ha impactado de forma contundente en las empresas. Todas ellas han tenido que apostar más que nunca por la comunicación en sus órganos internos. Quieren atender de forma efectiva la relación con cada uno de los stakeholders que componen su idiosincrasia. Las redes sociales han sido clave en esto, puesto que han permitido a las instituciones (públicas como privadas) mostrar su naturaleza ante la sociedad de forma visible, original e innovadora.

Con la comunicación, las empresas buscan generar rentabilidad y confianza a sus públicos, que les dé pie a mejorar la relación con ellos y a ganar reputación dentro del sector. A esta última se le está dando mucha importancia: “El 67% de los ejecutivos creen que la reputación es una prioridad alta en sus compañías”, afirma el Reputation Institute, por ejemplo.

«Como empresa, escuchar la conversación en las redes mejora tu forma de comunicar y de relacionarte con tu público»

La forma en la que se mide atiende principalmente a los activos intangibles. Con ellos la empresa muestra su visión, su misión y sus valores, así como el capital humano (personas, propiedad intelectual o relaciones internas) que la compone. Escuchar la conversación en las redes mejora tu forma de comunicar y de relacionarte con tu público, por eso es importante la comunicación, y de esto se han dado cuenta ahora las instituciones. Gracias a las redes, también han podido diferenciar el mensaje para cada uno de ellos, comunicando con cada tuit y cada post su misión, visión y sus valores.

En definitiva, esta nueva realidad ha reforzado el papel de periodista, que ya no solo se limita a trabajar en medios de comunicación convencionales, sino que gracias a las nuevas narrativas se le ha abierto nuevas posibilidades.

Julen Sobejano es estudiante de Periodismo en la Universidad de Navarra

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Anestesiarse

BEATRIZ JORDÁN.- Fíjese en este caso: El periodista José María Olmo comparaba en un tweet la repercusión de dos noticias diferentes ⸺publicadas por él⸺. Una de ellas hablaba del crimen del concejal de Llanes. La otra, sobre una investigación contra Iberdrola por inflar el precio de la luz. Los lectores devoraron la primera nada más lanzarla. La segunda, no estuvo ni entre las diez más leídas de ese día.

Se discursea mucho sobre la crisis de los medios y la incertidumbre en la que deambula el periodismo. Pero muy poco se discute de la pasividad de los ciudadanos. Las personas viven anestesiadas por otro tipo de quehaceres. Un claro ejemplo: el adictivo mundo del like en el que viven inmersos. Una vida virtual ⸺paralela a la real⸺ les lleva a buscar con ansias una foto que permita conseguir más y más likes.

«Esa esencia del perro guardián que vigila la democracia ha quedado en tierra sin nadie»

La simplona obsesión por la aprobación mediática deja en un segundo plano cuestiones ⸺aparentemente⸺ irrelevantes. Las noticias significativas no interesan. Aunque nos estén manipulando las facturas de la luz, el morbo que generan los laberintos amorosos de Llanes sigue ocupando el puesto número uno. Frente a unos datos que a Olmo le costaron dos meses de trabajo, una pieza escrita en cinco horas se sale de la gráfica.

Lo del cuarto poder parece que ya no se lleva, o al menos, no vende. Cada vez escasean más los equipos de investigación en los diarios tradicionales. Es lo primero a lo que se mete la tijera. Esa esencia del perro guardián que vigila la democracia ha quedado en tierra sin nadie. Sin embargo, hay periodistas que siguen creyendo en la información de calidad. Hay medios de comunicación que siguen arriesgando ⸺su negocio al fin y al cabo⸺ con noticias que no suelen coincidir con las que prefiere la mayoría. Por desgracia.

El periodista de El Confidencial terminaba diciendo que seguirán con Iberdrola, con los bancos que blanquean dinero de la prostitución, los políticos que financian campañas con donaciones ilegales y otros temas poco leídos. La sociedad necesita de estos asuntos, aunque haya que meterlos con embudo. Para que despierten y sean conscientes del mundo ⸺real, del día a día⸺ en el que están presentes. Pero no viven. Sin anestesia.

Beatriz Jordán es estudiante de Periodismo en la Universidad de Navarra. Visita su blog Más Allá de la Fiesta y conoce las últimas novedades de las peñas de Pamplona

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Niñez, tesoro perdido

PAOLA IBIRICU.- Hace un tiempo estuve en Castro Urdiales, un municipio cántabro con un encanto que atrapa. Mi misión allí era la de informar a chavales de entre diez y doce años sobre la profesión periodística, y proporcionarles algunas claves para que sean capaces de diferenciar una noticia verídica de un falsa. Y ya saben cómo es tratar con niños. Son curiosos, inquietos, hacen preguntas, quieren saberlo todo. Así que una cosa llevó a la otra y acabamos hablando de Internet y redes sociales. Más concretamente, de youtubers. Se los sabían todos. Y, cuando digo todos, es todos. Pero no fue eso lo que me sorprendió. Lo que me dejó alucinada fueron sus caras de admiración, el brillo que iban adquiriendo sus ojos conforme la conversación sobre los que son, sin lugar a dudas, sus ídolos avanzaba.

«YouTube trae consigo una sobreexposición para la que los niños no están preparados»

Como podrán adivinar a estas alturas, ante la pregunta “¿qué queréis ser de mayores?” se alzaron varias manitas con el fin de expresar un deseo que no deja de rondarles la cabeza y que ansían cumplir. De hecho, algunos ya habían comenzado a dar los primeros pasos. Y es que la profesión de youtuber está entre las diez más deseadas por los menores de edad en España, algo que me apena y me preocupa a partes iguales.

YouTube trae consigo una sobreexposición para la que los niños no están preparados. Incluso me atrevería a decir que ni siquiera los adultos lo estamos. YouTube implica abrirte a tus cientos, miles, millones de seguidores, renunciando a tu privacidad. Implica saber aceptar la críticas constructivas e intentar mantenerte emocionalmente estable ante las destructivas. YouTube es dinero, es trabajo, son objetivos y una preocupación continua en torno a su cumplimiento. Y todo ello se traduce a un nivel de estrés que los niños no deberían tener y que sus padres no deberían apoyar. Sin embargo, lo hacen. No sé si por ver felices a sus hijos o por no acarrear con la culpa de haber sido una piedra en el camino a la realización de sus sueños, pero lo hacen. Y yo me pregunto: ¿Realmente merece la pena el precio a pagar? Aquel día regresé a casa con esa duda y con un sabor de boca agridulce que ni el mar Cantábrico logró enmascarar.

Paola Ibiricu es estudiante de Periodismo en la Universidad de Navarra

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Sin internet, ni posts, ni ‘likes’

Dejar de mirar una pantalla luminosa y centrarte en las cosas que te rodean puede ser una aventura de lo más recomendable

IRANTZU DE ESTEBAN.- Hace unas semanas mantuve una interesante conversación con mi compañera de piso: la dependencia de internet. Ella me dijo que nadie puede vivir sin conexión, que es una nueva religión y que todos somos practicantes. Es verdad. Hoy en día utilizamos la red para prácticamente todo, ¡ni siquiera tenemos que salir de casa para comprar el pan! ¿Dónde quedan esos desfiles de chándales, leggings y caras lavadas esperando la interminable cola en la panadería?

La conversación con mi amiga quedó atrapada en mi cerebro como un mosquito en una tela de araña. Hubo vida antes de la era digital. Hubo vida hace dos décadas, antes de que al profesor Tim Berners-Lee se le ocurriera la magnífica idea de crear la World Wide Web, conocida por sus tres uves dobles (www). En ese momento me di cuenta de que pasaba más tiempo mirando una pantalla luminosa que disfrutando de la vida real. La no digital.

Hubo vida antes del móvil. Yo lo descubrí de viaje y el día de mi cumpleaños, ni más ni menos. En medio de una isla, sin cobertura ni datos y mucho menos redes sociales. Casi en la prehistoria. Al principio sentí que algo me faltaba. Era mi cumpleaños y no tenía conexión. Seguro que mis amigos y familiares me estaban felicitando y la única respuesta que me ofrecía WhatsApp era un ‘conectando’. ¡Menuda insociable!


«Nos estamos perdiendo el mundo real. Ahora la gente no tiene una experiencia real, simplemente tiene la idea de esa experiencia»

En ese momento volvió a mis recuerdos la conversación con mi amiga. Sin darme cuenta había caído por completo en las redes de la conexión y ¡estaba atrapada! Sentí una especie de ‘ansiedad digital’. Iba a estar desconectada del mundo, me estaba perdiendo las fotos de comida que mis amigos colgaban en Instagram, el último tuit y, seguro, el más ingenioso que leería en años. Y lo peor de todo: ¡yo no podía instagramear el día de mi cumpleaños! Me sentí oprimida. Soy una persona independiente que disfruta de las pequeñas cosas, o eso creía, y estaba tirando por la borda un magnífico viaje viéndolo a través de una pantalla. Decidí aprovechar el momento para retroceder veinte años atrás y vivir en los 90. Sin internet, ni posts, ni ‘likes’.

Quizá algunos no me creáis, pero me agradó la desconexión digital. Sin teléfono disfruté más de las cosas simples, no había distracciones que hicieran que me perdiese cómo rompían las olas contra las rocas o admirar el vuelo de aquel extraño pájaro que sobrevolaba nuestras cabezas. Nada me quitaba tiempo. Sentada en una terraza veía a otras personas ensimismadas en ese aparato que nos aísla de la vida real, y me sentí libre. Observé a mi alrededor, escuché conversaciones ajenas y entablé una conversación con un mallorquín. Al cabo de un rato, me recomendó lugares inhóspitos a los que llegar sin conexión es una aventura de lo más recomendable. Si es que la capacidad de supervivencia del ser humano casi no tiene límites.

Nos estamos perdiendo el mundo real. Ahora la gente no tiene una experiencia real, simplemente tiene la idea de esa experiencia. Algo para enseñar, no para disfrutar. Imagínense cualquier evento donde la multitud no mira a través de sus ojos sino de una pantalla, ¿un capítulo de ‘Black Mirror’?, no. Parece que la vida solo existe si alguien la graba y la comparte. Dónde ha quedado ese estado de excitación que, antaño, provocaba la falta de respuesta a un mensaje, un tuit o un post. Ha cambiado nuestra vida hasta el punto de convertir la época anterior a internet en un periodo histórico difuso y terrible, similar a la Edad Media, o peor.

Esta experiencia me ha enseñado a disfrutar de lo que me rodea, sin pensar en un destinatario que lo vea o lo escuche. Y sí, no puedo negar que el mundo depende de internet, ahora mismo lo estoy utilizando, pero os invito a probar esa sensación de libertad que te provoca redescubrir que el mundo no se acaba si no tienes conexión. Os aseguro que lo disfrutaréis.

Irantzu de Esteban es periodista en el Diario de Navarra

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La obstinación del sector del taxi en tiempos de evolución

BEATRIZ MINGUEZA.- El sector del taxi en Madrid decidió el martes 5 de febrero apagar la mecha de la huelga indefinida. Dos semanas durante las cuales han entorpecido las calles de la ciudad, han protagonizado altercados y han provocado momentos de tensión. Todo para que sus reivindicaciones hayan quedado en agua de borrajas. Aún así, pese a no haber conseguido que sus peticiones lleguen a buen puerto, han dejado claro que el fin de la huelga se trata de un punto y aparte. El presidente de la Federación del Taxi de Madrid, Julio Sanz, aseguró que puede que esta batalla se haya perdido, pero que la guerra por “conseguir una regulación justa” frente a los VTC, vehículos utilizados por Uber y Cabify, va a seguir su curso. 

Su afán, en ocasiones descontrolado, por marcar un territorio que han dominado a lo largo de tantos años les ha supuesto, durante esos 16 días de huelga, una pérdida de en torno a 160 euros diarios. Un varapalo que, sumado a la reticencia del Gobierno regional a aceptar unas medidas que han considerado “radicales”, explica la decisión de los taxistas de volver al trabajo. 

«Sus reivindicaciones no solo no han tenido resultados, sino que la confianza en un gremio tan arraigado como es el del taxi se ha visto lógicamente mermada»

Su actitud tampoco ha acompañado. La impaciencia que ha guiado las protestas de muchos ha provocado situaciones de nerviosismo y malas formas que han desplazado sus peticiones a un segundo plano. Como consecuencia, sus reivindicaciones no solo no han tenido resultados, sino que la confianza en un gremio tan arraigado como es el del taxi se ha visto lógicamente mermada y la apuesta por los servicios de Uber o Cabify, sus competidores, se ha intensificado.

La defensa del libre mercado ha sido uno de los argumentos que más se han utilizado para frenar las quejas del sector, una demanda a pie de calle que muchos no entienden y otros rechazan. Más si cabe en la situación de evolución constante en la que está envuelta la sociedad hoy en día, a raíz sobre todo de la revolución tecnológica. No queda lejos la comparación con realidades similares, como la que están viviendo los medios de comunicación con las nuevas formas de informar, contar o entretener; o la eclosión de innovadores maneras de buscar alojamiento a la hora de viajar, como es el caso de la plataforma Airbnb. 

Los periódicos y las agencias de viajes también han sufrido, como el sector del taxi, cambios, y tampoco han sido positivos. Pero en lugar quedarse estancados en lo perdido estos últimos años, la mayoría ha apostado por la supervivencia tras descubrir que solo tenían dos opciones: adaptarse o morir. 

Beatriz Mingueza también es estudiante de Periodismo en la Universidad de Navarra. Visita su blog Más Allá de la Fiesta, y entérate de las últimas novedades sobre las peñas de Pamplona

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