Las diez razones de Jaron Lanier para que dejes tus redes sociales

El 2018 ha sido un año negro para las redes sociales. Después del escándalo de Cambridge Analytica y Facebook, algunas personalidades conocidas han aprovechado para lanzar sus advertencias acerca del uso de las redes sociales. Jaron Lanier, pionero del mundo digital, las explica en su libro ‘Diez razones para dejar tus redes sociales de inmediato’

ANDREA BRAVO.- El 20 de septiembre de 2018, ‘Diez Razones para borrar tus redes sociales de inmediato’ comenzó a venderse en España. El autor del libro es Jaron Lanier, pionero del mundo digital y uno de los escritores más famosos sobre tecnología. En su libro, Lanier muestra su preocupación por el camino por donde nos está llevando la tecnología. Según él, la decisión de dejar las redes sociales es la única solución (por ahora) para evitar que nos controlen en nuestra vida diaria.

Con estas diez razones, Lanier se une al movimiento de “desconexión digital” que también defienden algunas personalidades como el antiguo diseñador ético de Google Tristan Harris o el profesor de Psicología y Marketing de la Universidad de Nueva York Adam Alter. En su libro, Lanier hace alusión al escándalo de Cambridge Analytica y Facebook porque, aunque ya han pasado nueve años desde que el activista Eli Pariser publicara su libro ‘El filtro burbuja’ esta misma idea ha vuelto a la esfera pública gracias a este escándalo.

En 2018 se conoció que la compañía usó datos de los usuarios de Facebook para influir e incluso cambiar la percepción política de los ciudadanos estadounidenses durante las elecciones de 2016. Y esto lo lograron gracias al filtro burbuja: los algoritmos que posibilitan a las redes almacenar nuestros datos cuando etiquetamos a un amigo, cuando le damos like a una publicación o cuando la compartimos. Son empresas que viven de nuestros datos y su venta a terceros. Y Lanier denuncia precisamente esto en su primera razón para que dejes tus redes: estás perdiendo tu libertad. Según este autor, el problema está en que a través de estos datos se pueden modificar comportamientos y percepciones o, gracias a al filtro burbuja, no poder salir de ellas.

En una entrevista para la revista OMPI, Lanier decía: “Es una lástima, pero el mundo de la red se ha vuelto muy segmentado y estrecho de miras. Además está adquiriendo características que favorecen el aislamiento. Las plataformas de las redes sociales en Internet emplean algoritmos que nos transmiten información en la que, según sus cálculos, ya estamos interesados; de manera que es como si nos encontráramos encerrados en una habitación espejada y nuestra experiencia del mundo fuera cada vez más limitada”.

Adicción tecnológica

Adam Alter, profesor de Psicología y Marketing de la Universidad de Nueva York, comparte en su libro ‘Irresistible: ¿Quién nos ha convertido en yonquis tecnológicos?’ la idea de Tristan Harris, antiguo diseñador ético de Google: “El problema no es que a la gente le falte fuerza de voluntad, sino que hay mil personas al otro lado de la pantalla cuyo trabajo es romper la autorregulación que tienes».

Para Alter, la tecnología no es buena ni mala hasta que es manejada por corporaciones que la diseñan para el consumo masivo, que convierten las herramientas que disponemos en Internet en adictivas. Aunque no piensa que debamos abandonar las redes por completo, sí cree que es necesario reducir el uso de la tecnología en nuestro día a día. Los gobiernos están dando cuenta de los peligros que entrañan las redes y el año pasado, el Ministerio de Sanidad español incluyó las adicciones a las nuevas tecnologías en el Plan Nacional de Adicciones. En Madrid ya se ha abierto el primer servicio de atención en adicciones tecnológicas, dirigido a adolescentes.

Alter explica que no solo los químicos generan comportamientos adictivos (como pueden generar el tabaco o el alcohol), sino que nuestra adicción también nace por un componente biológico: la dopamina, que es el neurotransmisor del amor y el placer. “Igual que las drogas desencadenan la producción de dopamina, las señales comportamentales también lo hacen. Cuando un adicto a los videojuegos enciende el portátil, sus niveles de dopamina se disparan; cuando una adicta al ejercicio se ata las zapatillas de correr, sus niveles de dopamina también se disparan. A partir de este momento, estos adictos del comportamiento se parecen mucho a los adictos a las drogas. Las adicciones no están motivadas por las drogas o los comportamientos en sí, sino por la idea aprendida con el tiempo, de que son capaces de proteger a los adictos de su malestar psicológico”, afirma el psicólogo (p, 80-81 del libro).

Una reflexión desde la filosofía

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han reflexiona sobre este mismo tema en su libro ‘En el enjambre’:

“Ante el vertiginoso crecimiento del medio electrónico, Marshall McLuhan, teórico de los medios, advertía en 1964: la tecnología eléctrica está ya dentro de nuestros muros y estamos embotados, ciegos, sordos y mudos, ante su encuentro con la tecnología de Gutenberg. Algo semejante sucede hoy con el medio digital. Somos programados de nuevo a través de este medio reciente, sin que captemos por entero el cambio radical de paradigma. Cojeamos tras el medio digital, que, por debajo de la decisión consciente, cambia decisivamente nuestra conducta, nuestra percepción, nuestra sensación, nuestro pensamiento, nuestra convivencia. Nos embriagamos hoy con el medio digital, sin que podamos valorar por completo las consecuencias de esta embriaguez. Esta ceguera y la simultánea obnubilación constituyen la crisis actual” (página 16 del libro).

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Y tú, ¿estarías dispuesto a dejar tus redes sociales? ¿Crees que es la única manera de escapar de su control?

Las redes ayudan a comunicar

JULEN SOBEJANO.- Asegurar que la comunicación no tiene límites parece evidente. Las nuevas maneras de mostrar lo que haces, más allá de los legacy media, ha impactado de forma contundente en las empresas. Todas ellas han tenido que apostar más que nunca por la comunicación en sus órganos internos. Quieren atender de forma efectiva la relación con cada uno de los stakeholders que componen su idiosincrasia. Las redes sociales han sido clave en esto, puesto que han permitido a las instituciones (públicas como privadas) mostrar su naturaleza ante la sociedad de forma visible, original e innovadora.

Con la comunicación, las empresas buscan generar rentabilidad y confianza a sus públicos, que les dé pie a mejorar la relación con ellos y a ganar reputación dentro del sector. A esta última se le está dando mucha importancia: “El 67% de los ejecutivos creen que la reputación es una prioridad alta en sus compañías”, afirma el Reputation Institute, por ejemplo.

«Como empresa, escuchar la conversación en las redes mejora tu forma de comunicar y de relacionarte con tu público»

La forma en la que se mide atiende principalmente a los activos intangibles. Con ellos la empresa muestra su visión, su misión y sus valores, así como el capital humano (personas, propiedad intelectual o relaciones internas) que la compone. Escuchar la conversación en las redes mejora tu forma de comunicar y de relacionarte con tu público, por eso es importante la comunicación, y de esto se han dado cuenta ahora las instituciones. Gracias a las redes, también han podido diferenciar el mensaje para cada uno de ellos, comunicando con cada tuit y cada post su misión, visión y sus valores.

En definitiva, esta nueva realidad ha reforzado el papel de periodista, que ya no solo se limita a trabajar en medios de comunicación convencionales, sino que gracias a las nuevas narrativas se le ha abierto nuevas posibilidades.

Julen Sobejano es estudiante de Periodismo en la Universidad de Navarra

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Javier Erro: “La sociedad ha hecho de la mentira su eje articulador”

Comunicador social y doctor en sociología por la upna, Javier Erro afirma la necesidad de salir de la comunicación para entenderla desde fuera. Para ERRO, la era de la posverdad no se remite solo a la proliferación de noticias falsas en los medios, sino que el problema surge de una sociedad que gira alrededor de la mentira y la falsedad

ANDREA BRAVO.- Este lunes, El País anunciaba la activación de una unidad de expertos del Gobierno, provenientes del Departamento de Seguridad Nacional, la secretaría De Estado de Comunicación y otros ministerios para combatir la desinformación y los ciberataques en Internet de cara a la temporada electoral de este año.

Según los datos del último Eurobarómetro aplicado a España, 8 de cada 10 españoles consideran la desinformación como un problema general de la democracia. Un 79% de los encuestados afirma que a menudo “encuentran noticias falsas o información que distorsiona la realidad”. Ante esta creciente proliferación de fake news, los expertos hablan no solo de un problema en la comunicación, sino también en la sociedad. El comunicador social Javier Erro opina que el inconveniente principal está en que “se ha hecho de la mentira el eje articulador de la sociedad”. Para comprender el fenómeno de las noticias falsas, Erro asegura que hay que ir a otros ámbitos como la psicología y la sociología, puesto que “los problemas comunicativos no se pueden resolver solo desde la comunicación”.

El comunicador social y Doctor en Sociología Javier Erro. FOTO PROPIA

P: ¿Por qué se habla de la era de la posverdad?

R: La mentira ha existido siempre, incluso más que la verdad. De hecho, la verdad aún no sabemos lo que es. Lo que ha sucedido es que la sociedad ha hecho de la mentira su eje articulador. Es decir, la mentira se ha constituido en el eje de la vida política, profesional y social. Al ser la comunicación la centralidad de lo social, es ahí donde se nota más la mentira y el lugar donde ha tomado más importancia.

P: ¿Habla de la comunicación como un reflejo de la sociedad?

R: La comunicación es el reflejo de la sociedad y la sociedad es el reflejo de la comunicación, porque se retroalimentan. El tema de fondo en esta cuestión, y lo más peligroso, es la confusión entre realidad e irrealidad. Esta confusión tiene dos características principales: la creación de un mundo basado en el consumo y la imagen, y la creación de un mundo acelerado. Esta es la sociedad de la aceleración social.

«El mundo que hemos creado basado en el consumo y en la mercantilización de las cosas nos ha llevado al mundo de lo falso»

P: ¿Qué supone esta aceleración social?

R: La aceleración social supone una paradoja: vivimos en una comunidad hipercompleja en la que tenemos que responder rápido ante los estímulos. Esas respuestas y decisiones rápidas las solemos hacer con falta de información, porque a pesar de que tenemos más que nunca, también sobreabundan datos irrelevantes. Por otra parte, el mundo que hemos creado basado en el consumo y en la mercantilización de las cosas nos ha llevado al mundo de lo falso. La estructura social está basada en la mercantilización de las relaciones afectivas, de los hijos, de los estudios, etc. Ha llegado un punto en el que también se ha mercantilizado nuestra información, que ahora se vende a las empresas.

P: ¿Hacia dónde nos puede llevar la mercantilización de nuestros datos?

R: Por primera vez en la historia, las empresas detrás de las redes sociales pueden llegar a conocernos mejor que a nosotros mismos. Lo saben todo de nosotros porque, además, les damos nuestros datos gratis y de manera inconsciente. Esto nos puede llevar al «metatotalitarismo», una situación en la que nuestros datos van a ser utilizados en beneficio de empresas o partidos políticos.

P: ¿Por qué se dice que los entornos virtuales han potenciado la circulación de la falsedad?

R: Las tecnologías no son inocentes, pero tampoco son benditas ni malvadas. Lo que hay es una tensión entre su forma y su utilidad. Es cierto que las redes sociales nos ofrecen un mundo de irrealidad en el que podemos vivir de forma paralela. Sin embargo, y me remito a las palabras del sociólogo Jean Baudrillard, existe una confusión entre realidad e irrealidad, que se intensifica a través de Internet. Ante esta situación, existen tres respuestas. La primera entiende esta confusión que lleva a la falsedad social como un problema de moda: “Esto está pasando ahora, pero dentro de un tiempo se tranquilizará”. La segunda idea es la catastrofista. Uno de sus mayores representantes es Gil Calvo, catedrático de Comunicación Política en la Universidad Complutense de Madrid. Él piensa que solo una catástrofe puede salvar a la sociedad de la falsedad. La tercera respuesta, en la que yo me incluyo, mira a la sociedad actual como una posibilidad de cambio. Nada volverá a ser sustantivamente como antes. El cambio que vamos a asumir, a partir del uso de Internet, va a ser radical. No digo que sea negativo, pero sí radical.

«Según el filósofo Byung-Chul Han, nos imponemos tales ritmos de auto-explotación que no necesitamos a nadie que nos someta»

P: ¿Cómo se va a producir ese cambio?

R: Para entenderlo, voy a referirme al filósofo Byung-Chul Han. Este hombre ha trabajado el tema de la psicopolítica. Según él, por primera vez en la historia, somos nuestros propios explotadores. Ya no necesitamos un amo o un sistema que nos explote, sino que nosotros mismos, con nuestras ansias de realización personal, la necesidad de estar activos y de vivir acelerados, nos imponemos tales ritmos de auto-explotación que no necesitamos a nadie que nos someta. Esto, unido a una situación de precariedad antropológica, nos ha llevado a conformarnos con lo que hay, a asumir una especie de fatalidad en nuestras vidas. Yo soy constructivista y, desde mi punto de vista, la sociedad es una construcción social y, por tanto, somos nosotros mismos quienes la construimos, como también construimos la percepción que tenemos de ella.

P: ¿Qué papel toma el periodista en este proceso de cambio?

R: El periodista tiene la misión de contar lo que está pasando. Pero para eso necesitamos periodistas de todo tipo. Necesitamos comunicadores que trabajen sus contenidos despacio, que ofrezcan un contenido pausado, pero también personas que sepan utilizar las redes. El problema es que hemos descuidado en nuestras facultades el perfil de comunicador social que haga un trabajo de esfuerzo intelectual. Hay que transformar la forma de enseñanza, y los profesores debemos adaptarnos y aprender a equilibrarla. Hay cosas que han cambiado. Por ejemplo, los jóvenes siguen un nivel de lectura distinto. Eso no es malo, simplemente diferente. Lo que se necesita es formar estudiantes con criterio para seleccionar, para distinguir lo falso de lo verdadero, para no reducir la realidad de forma simplista. Para que las personas sean autónomas, es fundamental educar su propio criterio. La pregunta que nos deberíamos hacer es: ¿sería posible una comunicación de la veracidad en esta sociedad?

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Y tú, ¿qué piensas? ¿sería posible una comunicación de la veracidad en esta sociedad? ¿Se puede cambiar de una sociedad acelerada a una más pausada? ¡Deja tu opinión en los comentarios!

Anestesiarse

BEATRIZ JORDÁN.- Fíjese en este caso: El periodista José María Olmo comparaba en un tweet la repercusión de dos noticias diferentes ⸺publicadas por él⸺. Una de ellas hablaba del crimen del concejal de Llanes. La otra, sobre una investigación contra Iberdrola por inflar el precio de la luz. Los lectores devoraron la primera nada más lanzarla. La segunda, no estuvo ni entre las diez más leídas de ese día.

Se discursea mucho sobre la crisis de los medios y la incertidumbre en la que deambula el periodismo. Pero muy poco se discute de la pasividad de los ciudadanos. Las personas viven anestesiadas por otro tipo de quehaceres. Un claro ejemplo: el adictivo mundo del like en el que viven inmersos. Una vida virtual ⸺paralela a la real⸺ les lleva a buscar con ansias una foto que permita conseguir más y más likes.

«Esa esencia del perro guardián que vigila la democracia ha quedado en tierra sin nadie»

La simplona obsesión por la aprobación mediática deja en un segundo plano cuestiones ⸺aparentemente⸺ irrelevantes. Las noticias significativas no interesan. Aunque nos estén manipulando las facturas de la luz, el morbo que generan los laberintos amorosos de Llanes sigue ocupando el puesto número uno. Frente a unos datos que a Olmo le costaron dos meses de trabajo, una pieza escrita en cinco horas se sale de la gráfica.

Lo del cuarto poder parece que ya no se lleva, o al menos, no vende. Cada vez escasean más los equipos de investigación en los diarios tradicionales. Es lo primero a lo que se mete la tijera. Esa esencia del perro guardián que vigila la democracia ha quedado en tierra sin nadie. Sin embargo, hay periodistas que siguen creyendo en la información de calidad. Hay medios de comunicación que siguen arriesgando ⸺su negocio al fin y al cabo⸺ con noticias que no suelen coincidir con las que prefiere la mayoría. Por desgracia.

El periodista de El Confidencial terminaba diciendo que seguirán con Iberdrola, con los bancos que blanquean dinero de la prostitución, los políticos que financian campañas con donaciones ilegales y otros temas poco leídos. La sociedad necesita de estos asuntos, aunque haya que meterlos con embudo. Para que despierten y sean conscientes del mundo ⸺real, del día a día⸺ en el que están presentes. Pero no viven. Sin anestesia.

Beatriz Jordán es estudiante de Periodismo en la Universidad de Navarra. Visita su blog Más Allá de la Fiesta y conoce las últimas novedades de las peñas de Pamplona

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David Ruipérez: “Los padres deberían proteger la imagen del menor en lugar de lucrarse con ella ”

En la era digital, los influencers y youtubers se han convertido en los nuevos ídolos de niños y adolescentes que quieren ser como ellos. Sin embargo, la locura por los likes o la sobreexposición en las redes puede tener consecuencias negativas para los menores. David Ruipérez, periodista y autor de ‘Mi vida por un like, explora en su libro cómo nos ha cambiado el mundo digital y, en concreto, cómo puede afectar a los niños

ANDREA BRAVO.- El año pasado, un niño de siete años entró en la lista los youtubers mejor pagados de Forbes. Con 22 millones de dólares (unos 19 millones de euros), Ryan ToysReview se alza con el primer puesto de la lista. El canal, controlado por los padres del niño, tiene 18 millones de suscriptores. Ryan se dedica a realizar reseñas de juguetes, con tanto éxito que el verano pasado lanzó su propia colección apoyado por Walmart, una cadena de supermercados estadounidense.

En España, es el canal Las Ratitas el que lidera las listas de influencia en la red, según la clasificación de Socialblade. Con más de 11 millones de suscriptores, las hermanas Claudia y Gisele, de seis y siete años, juegan ante las cámaras para divertir a otros niños. Una actividad que puede parecer inocente ha sido denunciada por Save the Children que, a través del Consejo Audiovisual de Cataluña, ha exigido iniciar una investigación a la Fiscalía de Menores de Barcelona por una supuesta instrumentalización de las niñas.

Crece la polémica ante la proliferación de canales de menores en YouTube. Sin embargo, para muchos niños, ser youtuber puede llegar incluso a ser “su trabajo soñado”. El periodista David Ruipérez explora el fenómeno de los influencers, youtubers y gamers en ‘Mi vida por un like, en el que también ofrece consejos a los padres para guiar a sus hijos en un uso adecuado de las redes sociales

El periodista y escritor David Ruipérez.
FOTO: JAVIER RUIZ BURÓN

P: ¿Por qué se ve tan mal la exposición de niños en YouTube mientras se acepta a niños actores o cantantes?

R: Hay, proporcionalmente, muy pocos niños actores y cantantes y muchos de ellos, no todos, han acabado como juguetes rotos y han lamentado perderse una infancia normal. Ser niño del mundo del espectáculo implicaba castings, contactos, etc. No es fácil. Sin embargo, ser un niño youtuber está al alcance de cualquiera y puede ser un mero entretenimiento o un gran negocio. Los niños quieren ser youtubers porque creen que les van a llover los regalos sólo por jugar o hacer monerías ante la cámara. Necesitan la complicidad de los padres tanto para crear el canal como para editar los vídeos.

P: ¿Cuáles pueden ser las consecuencias de ser un niño youtuber?

R: Si les va muy bien estarán sometidos a la presión, como les sucede a los youtubers adultos, de crear contenidos originales con cierta periodicidad, y eso genera presión y les resta tiempo, no sólo de los estudios, sino de algo tan básico como jugar. Si tienen mucho éxito y fama su desarrollo emocional no va a ser normal, porque no son maduros, y puede que a la larga todo ello tenga algunas consecuencias a nivel anímico o psicológico. No me parece muy sano y creo, sí, que pueden estar sometidos a presión por parte de su entorno cuando generan una gran cantidad de dinero. En casos extremos podría ser explotación laboral infantil. Como un juego o una forma de expresarse, YouTube o las redes sociales en general pueden incentivar la creatividad o aportar valores como la recompensa al trabajo duro, pero muchos mini influencers pueden darse un golpe con la realidad cuando crezcan y, en general, lamentar haberse perdido capítulos clave del desarrollo de la mayor parte de los niños.

«No creo que creándoles su propia televisión para que lo vean millones de desconocidos se esté protegiendo al menor»

P: Algunos padres de niños youtubers creen que estando “detrás” de ellos ya basta para que no haya ningún peligro para sus hijos. La madre de una niña youtuber decía en La Sexta: “Los papás que piensan que los niños están muy sobreexpuestos deberían saber que sus padres están detrás y tienen una buena protección”. ¿Qué respondería a esta afirmación?

R: Los padres deberían proteger la imagen del menor en lugar de lucrarse con ella. Llevamos décadas pixelando las caras de los niños en los medios de comunicación y ahora se hace alarde. Habrá padres responsables detrás de algunos niños y niñas youtubers y otros no tanto. No podemos generalizar. Creo que hay que reforzar el apoyo psicológico de estos menores porque, en la frágil autoestima del adolescente, estar expuesto supone que también otras personas pueden comentar tu aspecto, tu físico o tu forma de hablar y hacerles mucho daño. No creo que creándoles su propia televisión para que lo vean millones de desconocidos se esté protegiendo al menor. Pero no quiero ser radical, hay niños que pueden mostrar sus habilidades en YouTube, ser creativos, hacer malabares o teatro, pero cuando el chico o chica se convierte en esclavo de unos fans a los que no quiere defraudar puede sufrir mucho.

P: Un consejo que da a los padres en su libro es el de enseñar a los niños a respetar su propia intimidad. Sin embargo, en un entorno donde todo el mundo publica lo que hace a cada momento, ¿qué argumentos podrían usarse para que los niños lo entiendan como algo que les puede perjudicar en el futuro? ¿Cómo explicar el concepto de «huella digital» a un niño?

R: Los niños y adolescentes no hacen caso a lo que le podamos decir los adultos y mucho menos si el adulto es su padre o madre. Lo mejor es que lo comprueben en ejemplos de los influencers que conocen, gente a la que la fama, la presión o la sobreexposición le ha pasado factura de alguna forma. Fotos de chicas en traje de baño que han acabado en manos de pederastas, etc. En cualquier caso, ellos no piensan en las consecuencias a largo plazo. Se puede sembrar desde que son pequeños, mensajes sobre que si revelas todo el tiempo lo que haces o dónde te encuentras pueden robar en tu casa o hacerles entender que no es bueno que la gente sepa en qué colegio estudias. Pero, insisto, lo mejor es mostrarle la cara B de las redes sociales mediante ejemplos que les resulten familiares.

P: ¿Qué piensa del movimiento de “desconexión digital” (eliminación de las cuentas en las redes sociales) que promueven algunos personas como la única solución para evitar el uso de sus datos y no ser manipulado a través de las burbujas informativas?

R: Sí, asusta pensar en el uso de nuestros datos, de que podemos ser unas marionetas o personas manipulables, pero tampoco podemos volver al pasado. Las redes e Internet forman parte de nuestra vida. Si te conviertes en un ermitaño y te mudas a una cueva y no tienes contacto con otros seres humanos seguro que no te manipulan. Muchas personas nos hemos vuelto esclavos de las redes sociales y está claro que prescindir de ellas te hace más libre y quizá más feliz, pero también puede que te prive de un círculo de amigos o no te enteres de lo que pasa en el mundo. Mejor hacer un uso racional y poder sentarte bajo un árbol a leer un rato sin hacer caso a los pitidos del teléfono.

«La educación en los colegios es fundamental para que los jóvenes no se crean las fake news y tengan un pensamiento crítico»

P: ¿Ve necesaria una asignatura de educación digital o alfabetización mediática para niños?

R: Sin duda. Resulta imprescindible, pero con la Educación como arma arrojadiza entre partidos políticos o Gobiernos Autonómicos no sé si podrán ponerse de acuerdo. Muy pocos docentes están mínimamente familiarizados con las redes sociales, por eso les conviene leer ‘Mi vida por un like‘. La educación en los colegios es fundamental para que los jóvenes no se crean las fake news y tengan un pensamiento crítico. Y también para que hagan un uso adecuado de las redes sociales.

Sobre David Ruipérez, autor de ‘Mi vida por un like’

Madrid. 1979. David Ruipérez es un periodista con dilatada trayectoria en la información de salud, ciencia y tecnología. Actualmente es coordinador de contenidos en el Departamento de Comunicación del Consejo General de Enfermería de España y durante muchos años fue jefe de sección en el diario La Razón, donde estuvo al frente del prestigioso y veterano semanario dominical A tu salud. Colaborador en distintos medios y autor de libros divulgativos como Mi mente es mi enemigo y El carnívoro feliz.

Niñez, tesoro perdido

PAOLA IBIRICU.- Hace un tiempo estuve en Castro Urdiales, un municipio cántabro con un encanto que atrapa. Mi misión allí era la de informar a chavales de entre diez y doce años sobre la profesión periodística, y proporcionarles algunas claves para que sean capaces de diferenciar una noticia verídica de un falsa. Y ya saben cómo es tratar con niños. Son curiosos, inquietos, hacen preguntas, quieren saberlo todo. Así que una cosa llevó a la otra y acabamos hablando de Internet y redes sociales. Más concretamente, de youtubers. Se los sabían todos. Y, cuando digo todos, es todos. Pero no fue eso lo que me sorprendió. Lo que me dejó alucinada fueron sus caras de admiración, el brillo que iban adquiriendo sus ojos conforme la conversación sobre los que son, sin lugar a dudas, sus ídolos avanzaba.

«YouTube trae consigo una sobreexposición para la que los niños no están preparados»

Como podrán adivinar a estas alturas, ante la pregunta “¿qué queréis ser de mayores?” se alzaron varias manitas con el fin de expresar un deseo que no deja de rondarles la cabeza y que ansían cumplir. De hecho, algunos ya habían comenzado a dar los primeros pasos. Y es que la profesión de youtuber está entre las diez más deseadas por los menores de edad en España, algo que me apena y me preocupa a partes iguales.

YouTube trae consigo una sobreexposición para la que los niños no están preparados. Incluso me atrevería a decir que ni siquiera los adultos lo estamos. YouTube implica abrirte a tus cientos, miles, millones de seguidores, renunciando a tu privacidad. Implica saber aceptar la críticas constructivas e intentar mantenerte emocionalmente estable ante las destructivas. YouTube es dinero, es trabajo, son objetivos y una preocupación continua en torno a su cumplimiento. Y todo ello se traduce a un nivel de estrés que los niños no deberían tener y que sus padres no deberían apoyar. Sin embargo, lo hacen. No sé si por ver felices a sus hijos o por no acarrear con la culpa de haber sido una piedra en el camino a la realización de sus sueños, pero lo hacen. Y yo me pregunto: ¿Realmente merece la pena el precio a pagar? Aquel día regresé a casa con esa duda y con un sabor de boca agridulce que ni el mar Cantábrico logró enmascarar.

Paola Ibiricu es estudiante de Periodismo en la Universidad de Navarra

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¿Por qué compartimos un meme?

Están por todas partes y, sin embargo, nadie conoce las claves de su viralidad. ¿Por qué compartimos algo que nos hace gracia? Delia Rodríguez, en su libro ‘Memecracia. Los virales que nos gobiernan’, da respuesta a esta pregunta

ANDREA BRAVO.- Manu jugaba a baloncesto cuando se dio un golpe en el costado. No le dio importancia hasta que, unos días después, decidió acudir a urgencias por el dolor que no le había dejado en todo el fin de semana. Cuando llega al médico, le dicen que le tienen hacer placas, por si acaso. Surge un problema: no aparece en la base de datos ni en la seguridad social. Manu se dirige a las oficinas de la Seguridad Social para averiguar qué sucede. “¿Y sabes qué me dicen? ¡Que llevo fallecido desde 2017!”. Sí, mi amigo llevaba “muerto” desde 2017. Dos años sin existir.

Manu me contaba que, al no haber tenido ninguna urgencia ni necesidad de darse de alta de ningún trabajo en la Seguridad Social, no se habían percatado del fallo. Al margen de la confusión y el (gran) error que podría haber llevado a un problema mayor en otro tipo de urgencias, Manu me lo explicaba como una anécdota graciosa en un audio de Whatsapp: “Por lo menos me atendieron rápido en las oficinas de la Seguridad Social. Nadie se creía lo que estaba pasando. Pero bueno, ahora por lo menos me han podido hacer las placas. Tengo una costilla rota”.

Tras conocer la historia, sus amigos no perdieron el tiempo. Aquí os dejo unos ejemplos de los memes que le hicieron:

Si tienes Instagram o Twitter, habrás visto este tipo de imágenes. Aunque la historia de Manu no pasó de Whatsapp, cada día miles usuarios suben memes a las redes adaptándolos a una noticia o a una experiencia personal o colectiva. Las empresas también se suben al tren de los memes para promocionarse, como Desatranques Jaén, una pequeña empresa familiar que ha conseguido llamar la atención de los usuarios de Twitter con sus campañas. Todo comenzó con ‘La leyenda’, el hit de la empresa. El vídeo viral inspiró a otros tuiteros para crear memes sobre Desatranques Jaén.

Pero, ¿cómo surgen los memes? Delia Rodríguez, en su libro ‘Memecracia. Los virales que nos gobiernan’, define los memes como “ideas que saltan de mente en mente. Ideas contagiosas que pueden venir de cualquier época y lugar y evolucionan sin nuestro permiso”.

Por tanto, la periodista entiende por meme no solo como una imagen graciosa con una frase que le acompaña. Un meme puede ser una idea, una fotografía, un vídeo o incluso personas que se ponen de moda. Internet posibilita que las personas compartamos al momento aquello que nos parece relevante o gracioso. En el capítulo tres del libro, Delia Rodríguez establece tres razones por las que compartimos información en las redes:

  1. Compartimos por los demás. La autora del libro cita a Matthew Lieberman, un investigador de la Universidad de California para explicar por qué compartimos por los demás. Según Lieberman, cuando recibimos información, también pensamos en otras personas a las que les podría interesar. Las nuevas tecnologías permiten que ese intercambio se dé al momento, por lo que es más probable que suceda.
  2. Compartimos por nosotros mismos. Una pequeña descarga química recorre nuestro cuerpo cuando compartimos información sobre nosotros. Rodríguez expone un estudio realizado en la Universidad de California en 2012. Comprobaron que las personas que participaron en él estaban dispuestas a dejar de ganar dinero a cambio de hablar de sí mismos.
  3. Compartimos porque no podemos evitarlo. La autora explica que reforzamos lazos con nuestro grupo social a través de los contenidos que compartimos con ellos.

Delia Rodríguez hace una radiografía más extensa de los memes y lo viral en Internet en ‘Memecracia. Los virales que nos gobiernan’. Habla acerca de la sobreinformación, la economía de la atención o los memes y la política. Un libro necesario para comprender de cerca los contenidos que consumimos en Internet.

Sobre la autora del libro

Delia Rodríguez es periodista, fundadora de Verne, web social de El País. También ha trabajado en El Huffington Post y SModa, entre otros. Si quieres conocer su trabajo, puedes visitar su web o su perfil de Twitter.

Sin internet, ni posts, ni ‘likes’

Dejar de mirar una pantalla luminosa y centrarte en las cosas que te rodean puede ser una aventura de lo más recomendable

IRANTZU DE ESTEBAN.- Hace unas semanas mantuve una interesante conversación con mi compañera de piso: la dependencia de internet. Ella me dijo que nadie puede vivir sin conexión, que es una nueva religión y que todos somos practicantes. Es verdad. Hoy en día utilizamos la red para prácticamente todo, ¡ni siquiera tenemos que salir de casa para comprar el pan! ¿Dónde quedan esos desfiles de chándales, leggings y caras lavadas esperando la interminable cola en la panadería?

La conversación con mi amiga quedó atrapada en mi cerebro como un mosquito en una tela de araña. Hubo vida antes de la era digital. Hubo vida hace dos décadas, antes de que al profesor Tim Berners-Lee se le ocurriera la magnífica idea de crear la World Wide Web, conocida por sus tres uves dobles (www). En ese momento me di cuenta de que pasaba más tiempo mirando una pantalla luminosa que disfrutando de la vida real. La no digital.

Hubo vida antes del móvil. Yo lo descubrí de viaje y el día de mi cumpleaños, ni más ni menos. En medio de una isla, sin cobertura ni datos y mucho menos redes sociales. Casi en la prehistoria. Al principio sentí que algo me faltaba. Era mi cumpleaños y no tenía conexión. Seguro que mis amigos y familiares me estaban felicitando y la única respuesta que me ofrecía WhatsApp era un ‘conectando’. ¡Menuda insociable!


«Nos estamos perdiendo el mundo real. Ahora la gente no tiene una experiencia real, simplemente tiene la idea de esa experiencia»

En ese momento volvió a mis recuerdos la conversación con mi amiga. Sin darme cuenta había caído por completo en las redes de la conexión y ¡estaba atrapada! Sentí una especie de ‘ansiedad digital’. Iba a estar desconectada del mundo, me estaba perdiendo las fotos de comida que mis amigos colgaban en Instagram, el último tuit y, seguro, el más ingenioso que leería en años. Y lo peor de todo: ¡yo no podía instagramear el día de mi cumpleaños! Me sentí oprimida. Soy una persona independiente que disfruta de las pequeñas cosas, o eso creía, y estaba tirando por la borda un magnífico viaje viéndolo a través de una pantalla. Decidí aprovechar el momento para retroceder veinte años atrás y vivir en los 90. Sin internet, ni posts, ni ‘likes’.

Quizá algunos no me creáis, pero me agradó la desconexión digital. Sin teléfono disfruté más de las cosas simples, no había distracciones que hicieran que me perdiese cómo rompían las olas contra las rocas o admirar el vuelo de aquel extraño pájaro que sobrevolaba nuestras cabezas. Nada me quitaba tiempo. Sentada en una terraza veía a otras personas ensimismadas en ese aparato que nos aísla de la vida real, y me sentí libre. Observé a mi alrededor, escuché conversaciones ajenas y entablé una conversación con un mallorquín. Al cabo de un rato, me recomendó lugares inhóspitos a los que llegar sin conexión es una aventura de lo más recomendable. Si es que la capacidad de supervivencia del ser humano casi no tiene límites.

Nos estamos perdiendo el mundo real. Ahora la gente no tiene una experiencia real, simplemente tiene la idea de esa experiencia. Algo para enseñar, no para disfrutar. Imagínense cualquier evento donde la multitud no mira a través de sus ojos sino de una pantalla, ¿un capítulo de ‘Black Mirror’?, no. Parece que la vida solo existe si alguien la graba y la comparte. Dónde ha quedado ese estado de excitación que, antaño, provocaba la falta de respuesta a un mensaje, un tuit o un post. Ha cambiado nuestra vida hasta el punto de convertir la época anterior a internet en un periodo histórico difuso y terrible, similar a la Edad Media, o peor.

Esta experiencia me ha enseñado a disfrutar de lo que me rodea, sin pensar en un destinatario que lo vea o lo escuche. Y sí, no puedo negar que el mundo depende de internet, ahora mismo lo estoy utilizando, pero os invito a probar esa sensación de libertad que te provoca redescubrir que el mundo no se acaba si no tienes conexión. Os aseguro que lo disfrutaréis.

Irantzu de Esteban es periodista en el Diario de Navarra

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Cada lunes publico una columna de opinión de extensión y tema libre, relacionado con el uso de Internet y las redes sociales. Tú también puedes colaborar. Si quieres publicar tu texto en Hiperconectados, no dudes en escribirme a andreabravoaraujo@gmail.com o contactarme a través de mis redes sociales.

Ramón Salaverría: “La alfabetización mediática es la clave para combatir las fake news”

  • Este martes a las 19:00 se ha llevado a cabo la conferencia ‘Esto no es una pipa. Sobre las fake news’ en la Biblioteca de Navarra, integrada en el ciclo ‘Repensar los Medios de Comunicación: Pasado, Presente y Futuro’
  • La ponencia ha sido moderada por Alicia Ezker, periodista de Diario de Noticias, y han participado Ramón Salaverría y Hildegart González, profesores de la Universidad de Navarra y Javier Erro, profesor en la UPNA
  • Hildegart González: “No estamos preparados para saber qué es cierto y qué no lo es”
De izquierda a derecha: Hildegart González, Ramón Salaverría y Alicia Ezker durante la conferencia. FOTO: JULEN SOBEJANO

ANDREA BRAVO.- La Biblioteca de Navarra comenzó el 12 de febrero el ciclo ‘Repensar los Medios de Comunicación: Pasado, Presente y Futuro’. La segunda conferencia, celebrada este martes, reunió a tres profesores de la Universidad de Navarra para hablar sobre las fake news o noticias falsas.

“Las fake news han existido siempre, pero lo que es nuevo es la forma de transmitirlas a través de la red”. Con esta frase comenzaba Alicia Ezker, periodista de Diario de Noticias, encargada de moderar la ponencia. A continuación, Ramón Salaverría, experto en Periodismo Digital, describió las tres definiciones de noticia: “Las noticias pueden guiarse por una definición periodística, institucional o propagandística. Normalmente, se limita el concepto de fake news a la propaganda, pero también se puede hablar de noticias falsas en los otros terrenos”.

La educación digital, necesaria contra las noticias falsas

Salaverría explicó a través de las 5W periodísticas el fenómeno de las noticias falsas: “¿Qué? Una noticia falsa es aquella que no se ajusta a la realidad. ¿Quién? Detrás de ellas, pueden esconderse dos grupos de personas: las que buscan un lucro económico o grupos con intereses políticos ocultos. ¿Dónde? Gran parte nos llegan a través de las redes sociales. ¿Cómo? Hay un entramado tecnológico que promociona los contenidos que adquieren mayor atractivo para el público. Los algoritmos detectan esos contenidos y estimulan que se compartan más. ¿Por qué? Por intereses económicos o ideológicos”.

La conclusión a la que llegaba Salaverría era la necesidad de “alfabetización mediática”, en la que la ciudadanía y la educación son la clave para combatir las fake news. Hildegart González, experta en redes y comunicación, compartía la misma idea: “Ingenuamente, los ciudadanos creemos que estamos muy bien informados porque tenemos un acceso brutal a toda la información. El problema es que no estamos preparados para saber qué es cierto y qué no lo es”.

El periodista y sociólogo Javier Erro apuntó hacia las fake news desde un punto de vista sociológico, y alertó de lo preocupante de crear un mundo falso a través del sistema mediático. “¿Estamos ante la mentira como una forma de vida social? ¿Nos estamos acostumbrando a la falsedad y a la impunidad intelectual?”, se preguntaba. Para Erro, el resultado de una proliferación de noticias falsas es la pérdida de la “utilidad del espacio público y la democracia participativa”.

El filtro burbuja y la cámara de eco

Los ponentes invitados también explicaron la paradoja que se da en el entorno mediático actual. Aunque ahora se tenga un acceso mayor a la información y en teoría la forma de informarse en “más saludable”, Internet ha traído “una mayor promiscuidad mediática”, recalcaba Salaverría. El experto en Periodismo Digital dedicó unos minutos a exponer el concepto de echo chamber o cámara de eco, un fenómeno que en comunicación ilustra la situación en la que las personas buscan lugares que dan una apariencia de diversidad y apertura, pero en realidad retroalimentan pensamientos e ideas propias. “No queremos vernos desafiados por algo que se enfrenta a nuestras creencias o presupuestos”, dijo.

La cámara de eco se ve potenciada por el filtro burbuja, un concepto acuñado por el activista Eli Pariser, y que Salaverría explica como “un sistema estadístico que mide hasta dónde o cómo se lee una materia. Detecta los contenidos más leídos y nos vuelve a proporcionar aquello que conecta con los mismos presupuestos de partida. Facebook, por ejemplo, nos genera una falsa impresión de libertad informativa”.

Javier Erro terminaba la conferencia alegando la responsabilidad compartida de profesionales, políticos y ciudadanos para enfrentarse a la propagación de las fake news: “¿Estamos dispuestos a luchar por una información veraz?”.

Para saber más

El martes 26 de febrero, los periodistas Javier Pagola e Ignacio Iriarte hablarán sobre empresas informativas y periodismo en un mundo digital en la conferencia ‘El futuro ya ha llegado’ en la Biblioteca de Navarra, culminando así con el ciclo ‘Repensar los Medios de Comunicación: Pasado, Presente y Futuro’.