Las redes ayudan a comunicar

JULEN SOBEJANO.- Asegurar que la comunicación no tiene límites parece evidente. Las nuevas maneras de mostrar lo que haces, más allá de los legacy media, ha impactado de forma contundente en las empresas. Todas ellas han tenido que apostar más que nunca por la comunicación en sus órganos internos. Quieren atender de forma efectiva la relación con cada uno de los stakeholders que componen su idiosincrasia. Las redes sociales han sido clave en esto, puesto que han permitido a las instituciones (públicas como privadas) mostrar su naturaleza ante la sociedad de forma visible, original e innovadora.

Con la comunicación, las empresas buscan generar rentabilidad y confianza a sus públicos, que les dé pie a mejorar la relación con ellos y a ganar reputación dentro del sector. A esta última se le está dando mucha importancia: “El 67% de los ejecutivos creen que la reputación es una prioridad alta en sus compañías”, afirma el Reputation Institute, por ejemplo.

«Como empresa, escuchar la conversación en las redes mejora tu forma de comunicar y de relacionarte con tu público»

La forma en la que se mide atiende principalmente a los activos intangibles. Con ellos la empresa muestra su visión, su misión y sus valores, así como el capital humano (personas, propiedad intelectual o relaciones internas) que la compone. Escuchar la conversación en las redes mejora tu forma de comunicar y de relacionarte con tu público, por eso es importante la comunicación, y de esto se han dado cuenta ahora las instituciones. Gracias a las redes, también han podido diferenciar el mensaje para cada uno de ellos, comunicando con cada tuit y cada post su misión, visión y sus valores.

En definitiva, esta nueva realidad ha reforzado el papel de periodista, que ya no solo se limita a trabajar en medios de comunicación convencionales, sino que gracias a las nuevas narrativas se le ha abierto nuevas posibilidades.

Julen Sobejano es estudiante de Periodismo en la Universidad de Navarra

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Cada lunes publico una columna de opinión de extensión y tema libre, relacionado con el uso de Internet y las redes sociales. Tú también puedes colaborar. Si quieres publicar tu texto en Hiperconectados, no dudes en escribirme a andreabravoaraujo@gmail.com o contactarme a través de mis redes sociales.

Javier Erro: “La sociedad ha hecho de la mentira su eje articulador”

Comunicador social y doctor en sociología por la upna, Javier Erro afirma la necesidad de salir de la comunicación para entenderla desde fuera. Para ERRO, la era de la posverdad no se remite solo a la proliferación de noticias falsas en los medios, sino que el problema surge de una sociedad que gira alrededor de la mentira y la falsedad

ANDREA BRAVO.- Este lunes, El País anunciaba la activación de una unidad de expertos del Gobierno, provenientes del Departamento de Seguridad Nacional, la secretaría De Estado de Comunicación y otros ministerios para combatir la desinformación y los ciberataques en Internet de cara a la temporada electoral de este año.

Según los datos del último Eurobarómetro aplicado a España, 8 de cada 10 españoles consideran la desinformación como un problema general de la democracia. Un 79% de los encuestados afirma que a menudo “encuentran noticias falsas o información que distorsiona la realidad”. Ante esta creciente proliferación de fake news, los expertos hablan no solo de un problema en la comunicación, sino también en la sociedad. El comunicador social Javier Erro opina que el inconveniente principal está en que “se ha hecho de la mentira el eje articulador de la sociedad”. Para comprender el fenómeno de las noticias falsas, Erro asegura que hay que ir a otros ámbitos como la psicología y la sociología, puesto que “los problemas comunicativos no se pueden resolver solo desde la comunicación”.

El comunicador social y Doctor en Sociología Javier Erro. FOTO PROPIA

P: ¿Por qué se habla de la era de la posverdad?

R: La mentira ha existido siempre, incluso más que la verdad. De hecho, la verdad aún no sabemos lo que es. Lo que ha sucedido es que la sociedad ha hecho de la mentira su eje articulador. Es decir, la mentira se ha constituido en el eje de la vida política, profesional y social. Al ser la comunicación la centralidad de lo social, es ahí donde se nota más la mentira y el lugar donde ha tomado más importancia.

P: ¿Habla de la comunicación como un reflejo de la sociedad?

R: La comunicación es el reflejo de la sociedad y la sociedad es el reflejo de la comunicación, porque se retroalimentan. El tema de fondo en esta cuestión, y lo más peligroso, es la confusión entre realidad e irrealidad. Esta confusión tiene dos características principales: la creación de un mundo basado en el consumo y la imagen, y la creación de un mundo acelerado. Esta es la sociedad de la aceleración social.

«El mundo que hemos creado basado en el consumo y en la mercantilización de las cosas nos ha llevado al mundo de lo falso»

P: ¿Qué supone esta aceleración social?

R: La aceleración social supone una paradoja: vivimos en una comunidad hipercompleja en la que tenemos que responder rápido ante los estímulos. Esas respuestas y decisiones rápidas las solemos hacer con falta de información, porque a pesar de que tenemos más que nunca, también sobreabundan datos irrelevantes. Por otra parte, el mundo que hemos creado basado en el consumo y en la mercantilización de las cosas nos ha llevado al mundo de lo falso. La estructura social está basada en la mercantilización de las relaciones afectivas, de los hijos, de los estudios, etc. Ha llegado un punto en el que también se ha mercantilizado nuestra información, que ahora se vende a las empresas.

P: ¿Hacia dónde nos puede llevar la mercantilización de nuestros datos?

R: Por primera vez en la historia, las empresas detrás de las redes sociales pueden llegar a conocernos mejor que a nosotros mismos. Lo saben todo de nosotros porque, además, les damos nuestros datos gratis y de manera inconsciente. Esto nos puede llevar al «metatotalitarismo», una situación en la que nuestros datos van a ser utilizados en beneficio de empresas o partidos políticos.

P: ¿Por qué se dice que los entornos virtuales han potenciado la circulación de la falsedad?

R: Las tecnologías no son inocentes, pero tampoco son benditas ni malvadas. Lo que hay es una tensión entre su forma y su utilidad. Es cierto que las redes sociales nos ofrecen un mundo de irrealidad en el que podemos vivir de forma paralela. Sin embargo, y me remito a las palabras del sociólogo Jean Baudrillard, existe una confusión entre realidad e irrealidad, que se intensifica a través de Internet. Ante esta situación, existen tres respuestas. La primera entiende esta confusión que lleva a la falsedad social como un problema de moda: “Esto está pasando ahora, pero dentro de un tiempo se tranquilizará”. La segunda idea es la catastrofista. Uno de sus mayores representantes es Gil Calvo, catedrático de Comunicación Política en la Universidad Complutense de Madrid. Él piensa que solo una catástrofe puede salvar a la sociedad de la falsedad. La tercera respuesta, en la que yo me incluyo, mira a la sociedad actual como una posibilidad de cambio. Nada volverá a ser sustantivamente como antes. El cambio que vamos a asumir, a partir del uso de Internet, va a ser radical. No digo que sea negativo, pero sí radical.

«Según el filósofo Byung-Chul Han, nos imponemos tales ritmos de auto-explotación que no necesitamos a nadie que nos someta»

P: ¿Cómo se va a producir ese cambio?

R: Para entenderlo, voy a referirme al filósofo Byung-Chul Han. Este hombre ha trabajado el tema de la psicopolítica. Según él, por primera vez en la historia, somos nuestros propios explotadores. Ya no necesitamos un amo o un sistema que nos explote, sino que nosotros mismos, con nuestras ansias de realización personal, la necesidad de estar activos y de vivir acelerados, nos imponemos tales ritmos de auto-explotación que no necesitamos a nadie que nos someta. Esto, unido a una situación de precariedad antropológica, nos ha llevado a conformarnos con lo que hay, a asumir una especie de fatalidad en nuestras vidas. Yo soy constructivista y, desde mi punto de vista, la sociedad es una construcción social y, por tanto, somos nosotros mismos quienes la construimos, como también construimos la percepción que tenemos de ella.

P: ¿Qué papel toma el periodista en este proceso de cambio?

R: El periodista tiene la misión de contar lo que está pasando. Pero para eso necesitamos periodistas de todo tipo. Necesitamos comunicadores que trabajen sus contenidos despacio, que ofrezcan un contenido pausado, pero también personas que sepan utilizar las redes. El problema es que hemos descuidado en nuestras facultades el perfil de comunicador social que haga un trabajo de esfuerzo intelectual. Hay que transformar la forma de enseñanza, y los profesores debemos adaptarnos y aprender a equilibrarla. Hay cosas que han cambiado. Por ejemplo, los jóvenes siguen un nivel de lectura distinto. Eso no es malo, simplemente diferente. Lo que se necesita es formar estudiantes con criterio para seleccionar, para distinguir lo falso de lo verdadero, para no reducir la realidad de forma simplista. Para que las personas sean autónomas, es fundamental educar su propio criterio. La pregunta que nos deberíamos hacer es: ¿sería posible una comunicación de la veracidad en esta sociedad?

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Y tú, ¿qué piensas? ¿sería posible una comunicación de la veracidad en esta sociedad? ¿Se puede cambiar de una sociedad acelerada a una más pausada? ¡Deja tu opinión en los comentarios!

Anestesiarse

BEATRIZ JORDÁN.- Fíjese en este caso: El periodista José María Olmo comparaba en un tweet la repercusión de dos noticias diferentes ⸺publicadas por él⸺. Una de ellas hablaba del crimen del concejal de Llanes. La otra, sobre una investigación contra Iberdrola por inflar el precio de la luz. Los lectores devoraron la primera nada más lanzarla. La segunda, no estuvo ni entre las diez más leídas de ese día.

Se discursea mucho sobre la crisis de los medios y la incertidumbre en la que deambula el periodismo. Pero muy poco se discute de la pasividad de los ciudadanos. Las personas viven anestesiadas por otro tipo de quehaceres. Un claro ejemplo: el adictivo mundo del like en el que viven inmersos. Una vida virtual ⸺paralela a la real⸺ les lleva a buscar con ansias una foto que permita conseguir más y más likes.

«Esa esencia del perro guardián que vigila la democracia ha quedado en tierra sin nadie»

La simplona obsesión por la aprobación mediática deja en un segundo plano cuestiones ⸺aparentemente⸺ irrelevantes. Las noticias significativas no interesan. Aunque nos estén manipulando las facturas de la luz, el morbo que generan los laberintos amorosos de Llanes sigue ocupando el puesto número uno. Frente a unos datos que a Olmo le costaron dos meses de trabajo, una pieza escrita en cinco horas se sale de la gráfica.

Lo del cuarto poder parece que ya no se lleva, o al menos, no vende. Cada vez escasean más los equipos de investigación en los diarios tradicionales. Es lo primero a lo que se mete la tijera. Esa esencia del perro guardián que vigila la democracia ha quedado en tierra sin nadie. Sin embargo, hay periodistas que siguen creyendo en la información de calidad. Hay medios de comunicación que siguen arriesgando ⸺su negocio al fin y al cabo⸺ con noticias que no suelen coincidir con las que prefiere la mayoría. Por desgracia.

El periodista de El Confidencial terminaba diciendo que seguirán con Iberdrola, con los bancos que blanquean dinero de la prostitución, los políticos que financian campañas con donaciones ilegales y otros temas poco leídos. La sociedad necesita de estos asuntos, aunque haya que meterlos con embudo. Para que despierten y sean conscientes del mundo ⸺real, del día a día⸺ en el que están presentes. Pero no viven. Sin anestesia.

Beatriz Jordán es estudiante de Periodismo en la Universidad de Navarra. Visita su blog Más Allá de la Fiesta y conoce las últimas novedades de las peñas de Pamplona

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Niñez, tesoro perdido

PAOLA IBIRICU.- Hace un tiempo estuve en Castro Urdiales, un municipio cántabro con un encanto que atrapa. Mi misión allí era la de informar a chavales de entre diez y doce años sobre la profesión periodística, y proporcionarles algunas claves para que sean capaces de diferenciar una noticia verídica de un falsa. Y ya saben cómo es tratar con niños. Son curiosos, inquietos, hacen preguntas, quieren saberlo todo. Así que una cosa llevó a la otra y acabamos hablando de Internet y redes sociales. Más concretamente, de youtubers. Se los sabían todos. Y, cuando digo todos, es todos. Pero no fue eso lo que me sorprendió. Lo que me dejó alucinada fueron sus caras de admiración, el brillo que iban adquiriendo sus ojos conforme la conversación sobre los que son, sin lugar a dudas, sus ídolos avanzaba.

«YouTube trae consigo una sobreexposición para la que los niños no están preparados»

Como podrán adivinar a estas alturas, ante la pregunta “¿qué queréis ser de mayores?” se alzaron varias manitas con el fin de expresar un deseo que no deja de rondarles la cabeza y que ansían cumplir. De hecho, algunos ya habían comenzado a dar los primeros pasos. Y es que la profesión de youtuber está entre las diez más deseadas por los menores de edad en España, algo que me apena y me preocupa a partes iguales.

YouTube trae consigo una sobreexposición para la que los niños no están preparados. Incluso me atrevería a decir que ni siquiera los adultos lo estamos. YouTube implica abrirte a tus cientos, miles, millones de seguidores, renunciando a tu privacidad. Implica saber aceptar la críticas constructivas e intentar mantenerte emocionalmente estable ante las destructivas. YouTube es dinero, es trabajo, son objetivos y una preocupación continua en torno a su cumplimiento. Y todo ello se traduce a un nivel de estrés que los niños no deberían tener y que sus padres no deberían apoyar. Sin embargo, lo hacen. No sé si por ver felices a sus hijos o por no acarrear con la culpa de haber sido una piedra en el camino a la realización de sus sueños, pero lo hacen. Y yo me pregunto: ¿Realmente merece la pena el precio a pagar? Aquel día regresé a casa con esa duda y con un sabor de boca agridulce que ni el mar Cantábrico logró enmascarar.

Paola Ibiricu es estudiante de Periodismo en la Universidad de Navarra

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