Sin internet, ni posts, ni ‘likes’

Dejar de mirar una pantalla luminosa y centrarte en las cosas que te rodean puede ser una aventura de lo más recomendable

IRANTZU DE ESTEBAN.- Hace unas semanas mantuve una interesante conversación con mi compañera de piso: la dependencia de internet. Ella me dijo que nadie puede vivir sin conexión, que es una nueva religión y que todos somos practicantes. Es verdad. Hoy en día utilizamos la red para prácticamente todo, ¡ni siquiera tenemos que salir de casa para comprar el pan! ¿Dónde quedan esos desfiles de chándales, leggings y caras lavadas esperando la interminable cola en la panadería?

La conversación con mi amiga quedó atrapada en mi cerebro como un mosquito en una tela de araña. Hubo vida antes de la era digital. Hubo vida hace dos décadas, antes de que al profesor Tim Berners-Lee se le ocurriera la magnífica idea de crear la World Wide Web, conocida por sus tres uves dobles (www). En ese momento me di cuenta de que pasaba más tiempo mirando una pantalla luminosa que disfrutando de la vida real. La no digital.

Hubo vida antes del móvil. Yo lo descubrí de viaje y el día de mi cumpleaños, ni más ni menos. En medio de una isla, sin cobertura ni datos y mucho menos redes sociales. Casi en la prehistoria. Al principio sentí que algo me faltaba. Era mi cumpleaños y no tenía conexión. Seguro que mis amigos y familiares me estaban felicitando y la única respuesta que me ofrecía WhatsApp era un ‘conectando’. ¡Menuda insociable!


«Nos estamos perdiendo el mundo real. Ahora la gente no tiene una experiencia real, simplemente tiene la idea de esa experiencia»

En ese momento volvió a mis recuerdos la conversación con mi amiga. Sin darme cuenta había caído por completo en las redes de la conexión y ¡estaba atrapada! Sentí una especie de ‘ansiedad digital’. Iba a estar desconectada del mundo, me estaba perdiendo las fotos de comida que mis amigos colgaban en Instagram, el último tuit y, seguro, el más ingenioso que leería en años. Y lo peor de todo: ¡yo no podía instagramear el día de mi cumpleaños! Me sentí oprimida. Soy una persona independiente que disfruta de las pequeñas cosas, o eso creía, y estaba tirando por la borda un magnífico viaje viéndolo a través de una pantalla. Decidí aprovechar el momento para retroceder veinte años atrás y vivir en los 90. Sin internet, ni posts, ni ‘likes’.

Quizá algunos no me creáis, pero me agradó la desconexión digital. Sin teléfono disfruté más de las cosas simples, no había distracciones que hicieran que me perdiese cómo rompían las olas contra las rocas o admirar el vuelo de aquel extraño pájaro que sobrevolaba nuestras cabezas. Nada me quitaba tiempo. Sentada en una terraza veía a otras personas ensimismadas en ese aparato que nos aísla de la vida real, y me sentí libre. Observé a mi alrededor, escuché conversaciones ajenas y entablé una conversación con un mallorquín. Al cabo de un rato, me recomendó lugares inhóspitos a los que llegar sin conexión es una aventura de lo más recomendable. Si es que la capacidad de supervivencia del ser humano casi no tiene límites.

Nos estamos perdiendo el mundo real. Ahora la gente no tiene una experiencia real, simplemente tiene la idea de esa experiencia. Algo para enseñar, no para disfrutar. Imagínense cualquier evento donde la multitud no mira a través de sus ojos sino de una pantalla, ¿un capítulo de ‘Black Mirror’?, no. Parece que la vida solo existe si alguien la graba y la comparte. Dónde ha quedado ese estado de excitación que, antaño, provocaba la falta de respuesta a un mensaje, un tuit o un post. Ha cambiado nuestra vida hasta el punto de convertir la época anterior a internet en un periodo histórico difuso y terrible, similar a la Edad Media, o peor.

Esta experiencia me ha enseñado a disfrutar de lo que me rodea, sin pensar en un destinatario que lo vea o lo escuche. Y sí, no puedo negar que el mundo depende de internet, ahora mismo lo estoy utilizando, pero os invito a probar esa sensación de libertad que te provoca redescubrir que el mundo no se acaba si no tienes conexión. Os aseguro que lo disfrutaréis.

Irantzu de Esteban es periodista en el Diario de Navarra

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